José Luis Medal

Religión, laicismo y democracia

La sacralización del poder —la fusión del poder político y el religioso— ha sido un hecho histórico. En Egipto con los faraones, en Mesopotamia, en el Imperio Romano, en Japón, o en los actuales países del Islam —para citar solo unos ejemplos—, los gobernantes han fusionado el poder político con el religioso. Inclusive actualmente en Nicaragua, sutilmente se sacraliza al poder político del gobierno “socialista, cristiano y solidario”. Las celebraciones gubernamentales de la Purísima son una de las evidencias. El laicismo se opone a ello.

Don Humberto Belli sostiene que “el cristianismo también influyó en desacralizar el poder”. No opinaba lo mismo el teólogo cristiano Roger Garaudy, quien señaló que la tesis de San Pablo de que “todo poder viene de Dios”, es “sin el menor equívoco el fundamento de cualquier teología de la dominación y de la sacralización de la autoridad, lo que lleva a la sumisión ante el poder político”. Los historiadores reconocen que la sacralización del poder, que la Iglesia defendió y practicó por siglos, contribuyó a consolidar el absolutismo monárquico. Por algo Luis XIV —ejemplo de absolutismo político— dijo: “Dios que dio reyes a los hombres, quiso que se les respetase como sus lugartenientes”.

Históricamente no fue la Iglesia católica la que promovió la democracia —aunque de manera positiva la Conferencia Episcopal de Nicaragua actualmente la promueve—. La Iglesia se opuso a la tesis de la ilustración francesa de que el poder proviene del pueblo, lo mismo que al laicismo y al secularismo que promovió el liberalismo. El problema del Islam, como dice Vargas Llosa, es “que no ha experimentado aún ese largo proceso de laicización, que permitió a la Iglesia católica adaptarse a la democracia”. La Iglesia católica no promovió la democracia, se adaptó a ella, cuando el laicismo, el liberalismo y el secularismo desacralizaron el poder político y sentaron las basas de las democracias modernas.

Los dogmas religiosos, no solo consolidaron las monarquías absolutas de la edad media, sino que además condujeron al fanatismo violento. Me da la impresión que se intenta minimizar la violencia de las cruzadas, de la inquisición, de las guerras religiosas entre católicos y protestantes y los crímenes que acompañaron a la evangelización en las Américas. El señor Belli dice que “las violencias más destructivas ocurrieron en el secularizado siglo XX a manos de fuerzas no religiosas” o que perecieron más personas en la guillotina de la revolución francesa, que en las hogueras de la inquisición.

Nadie ha negado que el mayor número de muertos por el fanatismo ocurriera en el siglo XX, como resultado de las cosmovisiones políticas totalizantes del comunismo y el nazismo. Es obvio que la mayor población del siglo XX en Europa —en relación a la escasa población en la edad media— y la existencia de armas mortíficas más eficaces, se tradujo en un mayor número de víctimas. El tema central no es el número de muertos. Ni una macabra contabilidad del número de víctimas, minimiza los crímenes cometidos por el fanatismo religioso. Las cosmovisiones políticas totalizantes del comunismo y del fascismo y las “verdades absolutas” de los dogmas religiosos tienen algo en común: ambas han justificado asesinar a los disidentes y opositores o a los “herejes” o “infieles”. Y no solo en el Corán hay llamados a la “guerra santa”. Abundan las citas en el antiguo testamento donde el “Dios de los Ejércitos” ordena o incita a los israelitas a cometer genocidios contra sus enemigos. Sobre ello se guarda silencio. Aunque muchos cristianos —como partidarios del Islam o del Judaísmo—, no aprueban la violencia.

La realidad no es blanca o negra. Es clara-oscura. Todas las religiones tienen contribuciones positivas, inclusive el Islam. Basta recordar los aportes de Avicena y Averroes, o la introducción del Álgebra. Ello no implica que el Islam, la Tora y la Biblia contengan verdades absolutas, ni niega el hecho histórico que para defender dogmas religiosos, la Iglesia se opuso al avance científico, basta recordar a Galileo y a Darwin. Otro hecho histórico es que el fanatismo religioso —tanto en el Islam como en el judaísmo y en el cristianismo— ha conducido a la violencia. También es innegable que la democracia —que se originó en Grecia— solo logró consolidarse en los países democráticos, con el laicismo, con la efectiva separación de los poderes del Estado y con la desacralización del poder.

El autor es doctor en economía.

COMENTARIOS

  1. La condesa de Monte Cristo
    Hace 12 años

    Las Cruzadas fueron promovidas por los papas, para ellos adueñarse de los bienes de la antigua Jersualen,en ningun momento fue promovida por alguna creencia basada en la biblia, al contrario del Islam y su Coran. Segundo, para el que ha leido la biblia se da cuenta que Dios habia escogido al pueblo de Israel para que de alli naciera el mesias, y en esa epoca alli se desarolla el antiguo testamento,eran momento especificos de guerra parte del designio de Dios, me repito NO como un dogma a seguir.

  2. Catón
    Hace 12 años

    Un acertijo para don Luis: ¿Qué es la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR)? ¿Por qué,cuándo, y dónde nació la LNDLR? ¿Qué y quiénes eran los enemigos de la LNDLR? ¿Cómo combatieron sus enemigos a la LNDLR? ¿Cómo tuvo que responder la LNDLR a los ataques de sus enemigos? ¿Qué consiguió la LNDLR? Don Luis, después de contestar estas preguntas se dará cuenta de lo que es el fanatismo laicista.

  3. Fernando Bárcenas
    Hace 12 años

    Srita Aura:
    ¿Por qué al emitir mi opinión yo sería cepillo, mientras usted al emitir la suya no lo sería? Probablemente, ni conoce el término ni sepa que un juicio no siempre se hace por algún interés personal. En este caso, no se me ocurre qué pueda usted esperar del escritor de su preferencia, el cual pretende usted imponer con vulgaridad y arrogancia a los demás, a pesar que seguramente usted no lo ha siquiera leído.

  4. feligres
    Hace 12 años

    Conferencia Episcopal de Nicaragua. Elogiados en los momentos de necesidad.

  5. Catón
    Hace 12 años

    Don Luis, si de fanatismo se habla, hay que incluir el fanatismo iluminista de la revolución francesa que durante el terror de Robespierre decapitó miles de nobles y curas -el parecido con ISIS es casual- por encarnar el oscurantismo, en la guerra genocida de la Vandée exterminó decenas de miles de católicos por considerarles «contras» y finalmente, estableció una dictadura militar napoleónica que -al son de la Marsellesa- provocó guerras en toda Europa con cientos de miles de muertos y…

  6. Sandra Vivas
    Hace 12 años

    Excelente escrito. Siempre leo sus artículos, los que considero muy centrados y objetivos.

  7. Nica-chon
    Hace 12 años

    Flicitaciones señor Medal por su interesante artículo. Es lo más centrado que he leido cuando hace referencia a las atrocidades e intromisión de dogmas religiosos en la conducción de la vida política los países. El que niegue esas verdades, es un fanático religioso, un encubridor y mentiroso, o un ignoante.

  8. Fernando Bárcenas
    Hace 12 años

    Es un artículo tan elegante como enjundioso. A pesar que confunde, lastimosamente, el estalinismo con el comunismo, no cabe duda que usted es el mejor escritor en este país.

    1. aura
      Hace 12 años

      Fernando cepillo, el mejor escritor de este país es Sergio Ramirez

    2. Nica-chon
      Hace 12 años

      ¡Ay Aurita! no confundas la ficción, con escritos serios. Sergio Ramirez es un escritor de novelas y además, solamente fíjate en su historial político y saca tus conclusiones.

    3. Andres
      Hace 12 años

      Ciertamente un articulo elegante. No veo ninguna confusion del autor entre comunismo y estalinismo. El estalinismo no es mas que una forma de manifestacion del comunismo, es decir, un reflejo de su escencia. El leninismo, el mahoismo, el castrismo, el orteguismo, el chavismo, el madurismo,etc. no son mas que la forma que el comunismo toma segun la ocacion; pero en el fondo son la misma cosa,reflejos de un sistema capaz de cometer los crimenes mas grandes de la historia.

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