Las llamadas Consejería Familiar Permanente, que ya están funcionando en barrios de Managua, no son más que un “mecanismo de control por parte de la seguridad del Estado del Gobierno para mantener bajo dominio a la familia”, asegura monseñor Silvio Fonseca, vicario de Familia de la Arquidiócesis.
“Eso es una invasión a la privacidad de la familia. El Estado está obligado (a garantizar) el bien común de la familia, pero no abusarla ni manipularla, mucho menos invadir su privacidad”, cuestionó el doctor en Teología Moral.
Según el Gobierno, las Consejerías de Familia tienen la función de garantizar el derecho de la niñez y adolescencia en su relación padre e hijos y promover una cultura de convivencia en el hogar. “La finalidad es controlar a la familia bajo la mampara de una inspiración de visión cristiana, socialista y solidaria (…) el Estado allí tiene sus objetivos políticos”, reiteró Fonseca.
ES VOLUNTARIO
El pastor evangélico Augusto César Marenco sostiene que lo que él conoce es que es voluntariedad de la población si quiere aceptar o no las Consejería Familiar.
“Hay sus cosas buenas porque las familias necesitan asesorías en sus derechos; pero todo tiene sus límites porque la familia es sagrada y nadie puede invadir su privacidad”, señaló.
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