El varismo es un “fenómeno psicológico” que con relación al ego de una persona explica su comportamiento con relación a la vara. Estoy refiriéndome a un sistema de debilidades psicológicas del ego: el punto más débil de la persona.
Para darle claridad a este tema estoy empleando el sufijo “ismo” porque desde el punto de vista de la sociología del lenguaje este sufijo, al juntarlo a una palabra, facilita su comprensión fenomenológica. Me explico: si a Sandino, si a Somoza y a Ortega le agregamos el “ismo” surge el sandinismo, el somocismo y el orteguismo respectivamente, y si a la vara le adicionamos el “ismo” nace el varismo.
Por consiguiente, con estos pocos ejemplos llegamos al conocimiento que del sandinismo surge el sandinista, del somocismo nace el somocista, del orteguismo nace el orteguista y del varismo surge el varista, es decir, la persona que es adicta a coger la vara.
La actitud de coger la vara tiene su más amplio desarrollo en la vida política. Pero es importante señalar, que no sería posible la existencia del varismo sin el “cobismo”, del cual surge el “cobista”, que es la persona que por servilismo le da coba al poderoso, o le da coba a los figurantes y figurones para “engancharlos”, para reírse de ellos.
Recuerdo que hace un mes fui a comer con un amigo a un restaurante. Nos encontramos con un señor, llamémosle Valdomero, que en la mañana había sido entrevistado en la televisión. Mi amigo le dijo en voz alta, como para que los comensales oyeran: “Permitime hermano que te dé un abrazo. Te felicito. Estuviste genial en la televisión. ¡Qué bárbaro! Debías de comparecer con más frecuencia”. Don Valdomero agradeció la felicitación con un semblante de satisfacción. Observé que otros también felicitaban a don Valdomero.
Ya sentados en la mesa del restaurante mi amigo me preguntó que si yo había visto la entrevista. Le dije que no, y me dijo: “Vale más que no la hayas visto porque ese jodido habla solo paja, la que combina de vez en cuando con alguna que otra estupidez”. En este ejemplo, mi amigo le dio coba a don Valdomero y la prueba de que cogió la vara —mi amigo lo “enganchó”— es que don Valdomero de vez en cuando busca que lo entrevisten en televisión. Es indudable que este señor cogió la vara, y en consecuencia llegó a creer que con un magistral dominio escénico hablaba en televisión mejor que el presidente Obama.
En este país se debe tener muchísimo cuidado con los cobistas. Lo aconsejable es vivir en estado de alerta para no dejarse “enganchar”. En nuestro país hay políticos que parece mentira que fueran víctimas del cobismo. Por ejemplo, Eduardo Montealegre es un hombre inteligente, un profesional brillante, honesto, que lo han “enganchado” y lo siguen “enganchando”, a base de darle coba, de que es un líder político fuera de serie, de que tiene un carisma, un don, un talento, en el que se basa la fuerza irresistiblemente magnética de su personalidad. Pero los que no queremos que nos haga diputados sabemos que no es así.
Otro ejemplo que me llama la atención es el caso de Ortega. No sé quién es el que le da coba, no sé quién es el que lo tiene “enganchado”, no sé quién es el que lo ha hecho coger la vara de que puede “escupir en rueda” no solamente a la par de Brasil, Argentina, México en el ámbito de la política latinoamericana sino también en el escenario de la política internacional, de tal manera que sus cobistas creerán que en las reuniones de Obama, David Cameron, Hollande, Angela Merkel, Putin, etc., falta la presencia de Daniel.
Yo creo que debemos seguir el antiguo aforismo griego de “conócete a ti mismo”. Cuando las personas se conocen a sí mismas son “inenganchables”, y por mucha coba que les den jamás van a coger la vara.
No me parece conveniente que los gobernantes cojan la vara —es peligroso— a no ser que sea una vara inofensiva, como cuando alguien hizo coger la vara a don Enrique de que iba a ser el mejor presidente en la historia de Nicaragua.
El autor es abogado.
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