El desempleo, la necesidad de generar recursos económicos para la familia y ochenta córdobas fueron el inicio de una empresa que busca posicionarse con mayor fuerza en los supermercados a nivel nacional.
Carlos Guido, gerente general de Industria Alimenticia Blangui, recuerda que cuando tomaron la decisión de vender chileros prepararon cuatro frascos: uno lo regalaron a familiares, otro que se quedaron ellos y dos los pusieron en venta en la pulpería de una familiar.
En el proceso de crecimiento de Industrias Blangui recibieron el apoyo del programa 80/20 que ejecutó el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), con fondos del Banco Mundial, mediante el cual les dotaron de maquinaria, mesas de trabajo y lograron adecuar una habitación para la elaboración de sus productos.
“Ese apoyo del Mific está valorado en 10,300 dólares. Sin duda alguna para nosotros es de gran bendición pues no contábamos con esos recursos además que nos apoyaron con la elaboración de 11 tablas nutricionales de nuestra oferta”, sostiene Carlos Guido, gerente general de la empresa, quien cree que la fe en Dios le permite a una persona emprender ideas creativas, así como presentarte en el camino a quienes te ayuden.
Para él también es muy importante la apertura y disposición al cambio.
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Carlos Guido, gerente general.
Celular: 8377-6984.
Dirección: Batahola Sur, del portón principal de la iglesia Reina de la Paz, un andén al Sur, 25 varas arriba. Mano derecha.
Página web: industriasblangui.com
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Esos primeros dos chileros se vendieron de inmediato en 40 córdobas cada uno. Guido cuenta que al día siguiente el mismo comprador llegó a realizarle un pedido mayor, entonces junto con su esposa Marbelly Blandón, decidieron que sería una buena oportunidad para generar los anhelados recursos económicos para la familia, ya que ambos estaban sin empleo. Fue así que el matrimonio decidió emprender el reto de vender chileros y Guido inició su peregrinación pulpería por pulpería en diferentes barrios.
“Recuerdo que teníamos contabilizados 210 lugares donde distribuíamos nuestros productos. Y como no teníamos vehículo, pagábamos a un taxi de confianza para que nos movilizara todo un día”, recuerda el emprendedor, quien además compartió que el nombre de la empresa proviene de la combinación de sus apellidos.
Para la elaboración de los chileros necesitaban mucho vinagre y comprarlo hecho incrementaba su estructura de costos. Fue cuando su suegra —quien sabía preparar vinagre negro— les compartió sus conocimientos. “Con la fórmula de mi suegra fue que iniciamos; además de preparar nuestro propio vinagre, logramos introducir como parte de nuestra oferta el vinagre blanco, uno tinto y otro que es agridulce”, explica Guido.
PENSAR EN GRANDE
Un amigo que estudiaba Ingeniería Química compartió con este matrimonio la fórmula para preparar vainilla y frambuesa y fue de esta forma que Carlos y su esposa Marbelly decidieron diversificar la línea y formalizar el negocio. Para 2010 investigaron en el Ministerio de Salud y el Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais) Managua todos los detalles para legalizar su producto, tener registros y los permisos sanitarios para extender su oferta a otra escala.
“Creo que hemos tenido la bendición de contar con personas que han sido de mucha bendición para la idea de negocio que teníamos planteado desde 2009, cuando dimos los primeros pasos”, comenta el gerente general de Industria Alimenticia Blangui.
Para potencializar su producción el matrimonio tocó las puertas de un supermercado, pero por no ser conocidos se les negó la posibilidad, lo que los impulsó para ofrecer chileros, cebollitas encurtidas, vinagres, vainillas y frambuesas en los mercados Oriental, Mayoreo, Israel Lewites, Iván Montenegro y Roberto Huembes.
Guido menciona que en su interior sintió la corazonada de ir al comisariato del Ejército de Nicaragua, donde le abrieron las puertas e iniciaron una relación comercial que mes a mes ha crecido. Además de ese comisariato, entraron a otros dos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, el de la Coca Cola y se quedaron solo en el mercado Israel Lewites. Guido recuerda que para la elaboración de los chileros han desarrollado toda una red con los productores a quienes les compran de forma directa en los mercados capitalinos la cebolla, chayote, zanahoria, chiles y ácidos para la preparación de los vinagres.
Iniciaron produciendo unos cien chileros al mes y entre 500 y 600 unidades de frambuesas, vainillas y vinagres. Hoy están produciendo unos 600 chileros al mes y mil unidades de los otros productos.
Ahora Industria Alimenticia Blangui emplea a cuatro personas para cubrir sus pedidos mensuales y continúa trabajando para abrirse espacio en los supermercados.
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