Quienes estamos preocupados por el futuro de nuestra nación, aspiramos a aglutinar a los diversos sectores de trabajadores, obreros, campesinos, estudiantes, profesionales, intelectuales, comerciantes y empresarios dispuestos a lograr que Nicaragua sea una nación progresista, que base su desarrollo en el respeto de los derechos individuales a la vida, la propiedad privada y la libertad; a través del respeto a la Constitución Política y demás leyes, respeto a la libertad de empresa, de movilización, de pensamiento y de expresión; y la independencia de los poderes del Estado para que nadie esté por encima de la ley.
En las condiciones actuales, esta aspiración solo puede concretarse desmantelando las estructuras de control que la dictadura orteguista ejerce en la Corte Suprema de Justicia (para violar las leyes con impunidad), en la Asamblea Nacional (para manipular leyes a su conveniencia), en el Consejo Supremo Electoral (para nombrar presidente, diputados y alcaldes a quienes designe el dictador sin respetar el voto popular), en la Contraloría General de la República (para saquear el erario público sin pagar las consecuencias), en la Policía Nacional (para perseguir a los opositores y permitir los delitos de sus turbas pagadas con el dinero de todos) y en el Ejército Nacional (para reprimir a la población al estilo de la Guardia Nacional somocista o de grupos terroristas).
El control absoluto (tipo monarquía) que ejerce Ortega —a través de la compra de conciencias con el dinero del erario público— es el que le ha permitido su más reciente aventura con la que pretende (con desesperación por el desastre petrolero venezolano) vender nuestra patria al chino invasor, lo que ha motivado heroicas jornadas de resistencia de los campesinos a quienes pretenden despojar de la tierra y cultura de sus ancestros, con la solidaridad de quienes entendemos que esta situación nos afecta a todos porque está en juego la soberanía nacional (como en los tiempos del invasor Walker y del patriota Sandino) y nuestros recursos naturales, entre ellos el cuerpo de agua dulce más importante de Centroamérica.
Aunque entendemos que el pueblo tiene derecho a la rebelión, estamos tratando de evitar que otra guerra fratricida entre nicaragüenses sea la única vía por la que podamos desplazar a Ortega del poder, en vista de la experiencia que aprendimos en la lucha contra la dictadura somocista que nos llevó a una dictadura más dañina y sangrienta con el FSLN, en los ochenta y ahora con Ortega en el poder, con la complicidad de partidos que se autollaman liberales y que juegan el papel de zancudos al obtener prebendas por aparentar ser partidos de oposición, pero que le hacen el juego a la dictadura.
Creemos en la vía cívica como forma pacífica de obtener el poder a través de elecciones, pero no estamos dispuestos a participar en unas elecciones en las que el orteguismo corra con ventajas y la intención de burlar la decisión ciudadana con otro fraude electoral.Creemos que la presión social en las calles es uno de los métodos que pueden ser eficaces para obligar al orteguismo a dar elecciones libres y vigiladas por organismos nacionales e internacionales sin restricciones.
Invito a todos los grupos que propugnamos por una república, a continuar e incrementar los esfuerzos para alcanzar una organización amplia e incluyente que pueda poner fin a la dictadura orteguista, salvar nuestra soberanía nacional e iniciar el camino a la República de Nicaragua, sin olvidar nunca más que el precio de la libertad es su permanente vigilancia.
El autor es Médico y miembro del Partido Acción Ciudadana (PAC) y del Grupo de Reflexión y Participación Ciudadana.