Nuevos partidos para reemplazar a la oposición y que las personas de 50 años y más en puestos de dirigencia deben ser rechazadas, son temas que se comentan en redes sociales y se mencionan en algunos artículos. En ambos asuntos discrepo, con la libertad de no tener compromisos con ninguna organización política, ni aspirar a cargos de elección.
Fundar partidos es un derecho ciudadano. Sin embargo, siendo que la falta de democracia interna de los actuales ha impedido la cohesión para enfrentar a los Ortega-Murillo, convendría más continuar esfuerzos para fortalecer las principales agrupaciones, en vez de promover su demolición o crear opciones que requieren el aval y supervisión, paso a paso, del Consejo Supremo Electoral (CSE) que no es más que extensión de la pareja gobernante.
Son comprensibles la inconformidad y búsqueda de soluciones rápidas, pero como son hijas de la frustración las probabilidades de errar el blanco son muy altas. Por eso a los partidos y grupos liberales debería urgirles evitar mayor dispersión. De lo contrario van a sepultar por décadas a Nicaragua, con imprevisibles consecuencias.
Los partidos políticos son importantes y, contrario a lo que algunos creen, las cúpulas no son los partidos. Quien sepa discernir entre la realidad y la desinformación oficialista sabrá que el Partido Liberal Independiente (PLI) cuenta con un tendido nacional en muy buen estado, que el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) resiste en las calles sin necesidad de personería jurídica, que la militancia del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) no se puede despreciar y busca librarse de su pesada carga, y que otros grupos también hacen su parte.
Por eso la inversión de tiempo, energía y recursos, suponen estar enfocadas en la democratización y organización partidarias, conformar una alianza coherente, presionando con todos los medios cívicos por un CSE creíble y una contienda en 2016 con observadores nacionales e internacionales de prestigio. Si se pudo antes, se puede hoy. Y si los partidos dialogan más de lo que sabemos, el tiempo apremia y les pisa los talones.
En cuanto a discriminar por edades, es al menos una violación de derechos fundamentales que además pretende dividir a la ciudadanía. Los que proponen semejante asunto le hacen el juego al orteguismo. La generación de mis padres culpaba a la anterior por la dictadura de los Somoza. Después, la mía los responsabilizó por todos los males y aunque osadamente se opuso al tercero de los Somoza, las esperanzas de paz y libertad fueron secuestradas por quienes tenían agendas ocultas. A pesar de esto, muchos de los que hoy rondan o superan los 50 años obligaron a realizar elecciones libres en 1989 y los derrotaron tres veces consecutivas. La cuarta la postergaron en 2006 por la división liberal.
Evadir la responsabilidad personal es maña vieja. Me recuerda el relato sobre la pérdida del Paraíso bíblico, en el que Adán señaló a Eva, y Eva a la serpiente Los jocosos dicen que la resbalosa cadena se detuvo porque no había otro animal cerca, pues pudo incluir al menos un zanate, un dinosaurio y alguna despistada gallina.
Las nuevas generaciones deben enorgullecerse porque sus padres y abuelos se arriesgaron por una mejor Nicaragua. La tarea es unir la experiencia de unos y la vitalidad de otros, para que las nuevas generaciones tomen su lugar y no sean manoseadas por el poder de turno.
Rubén Darío lo dejó claro en Salutación al Optimista: “Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora .
El autor es periodista.
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