Las campanas suenan, las cuerdas del cuadrilátero del país se abren para recibir a uno de los mejores boxeadores latinoamericanos de la historia. Roberto “Mano de Piedra” Durán llegará a la 1:00 p.m., sentirá el furor de una nación que vivió una idolatría por Alexis Argüello hasta la sepultura, y tendrá a las 3:00 p.m. un acercamiento con cronistas deportivos en el seminario de la ACDN en el Hotel Holliday Inn.
Durán está en una encrucijada del tiempo, entre quien podría ser mejor: Carlos Monzón, Julio César Chávez o él. Son los tres mosqueteros latinos que llevaron el nombre de sus países a las galaxias mundiales. Hicieron que sus nombres sonaran como un símbolo de respeto, determinación, fantasía y deleite. Un cuarto mosquetero podría ser Alexis Argüello, el D’Artagnan que levanta la mirada para entrar en la discusión con argumentos sólidos.
“Mano de Piedra”, el principal retador de Chávez, ve cómo su grandeza sin medida es absorbida por la furia y mayor trayectoria del peleador azteca, Julio César, el boxeador que terminó con la tradición idólatra de un pueblo sobre Raúl “El Ratón” Macías.
Hoy Durán estará nuevamente en Nicaragua, esta vez con sus hijos Roberto Armando y Víctor Roberto, además de Miguel Prado, encargado de las clasificaciones mundiales en la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
Ver en la versión impresa las páginas: 11 B