1. Lo más habitual es lavar el biberón del bebé con agua y jabón, a no ser que el pediatra recomiende esterilizar los biberones (en recién nacidos, en bebés prematuros, etc).
2. Lo mejor es limpiar el biberón en cuanto terminamos de usarlo, para que los residuos de leche no se queden adheridos.
3. Los cepillos para limpiar biberones resultan muy útiles, porque se adaptan al contenedor largo y estrecho del biberón y a la forma de la tetina (mamadera en Nicaragua) y permiten llegar a todos los recodos.
4. Cuando terminamos, conviene dejar el biberón en un lugar en el que le dé aire, para que se seque bien, con cada pieza por separado y boca abajo, de manera que las gotitas escurran.
5. No hay que guardar los biberones con todas las piezas encajadas (recipiente, tetina, disco de seguridad y tapa) hasta que estén bien secos, para evitar la proliferación de bacterias y gérmenes.