El Gran Canal a través de Nicaragua ha suscitado interés no solo en Nicaragua sino también en otras latitudes y continentes. Ya desde mediados del siglo XIX el canal por Nicaragua suscitó el interés del Imperio Británico y no fue ajeno a la abominable aventura esclavista de Walker ni a los ambiciosos proyectos y sueños patrióticos de Sandino. Algunos se atreverían a afirmar que la posibilidad de engrandecimiento y prosperidad que el Gran Canal traería para Nicaragua resplandece en la lapidaria frase de Darío: “Si la Patria es pequeña, uno grande la sueña”.
No podía ser menos. Ya hacia 1840, el Príncipe Imperial Luis Napoleón Bonaparte, encontrándose prisionero en Ham, se dejó cautivar por la idea de construir un Canal por Nicaragua y hasta escribió un interesante planteamiento sobre el tema. Se afirma, incluso, que Luis Napoleón Bonaparte sopesó la posibilidad de emigrar a Nicaragua para dirigir personalmente la construcción del Canal.
Precisamente, después de leer extractos de ese interesante escrito, me sentí motivado para mencionar en una conferencia, auspiciada por la Fundación Konrad Adenauer, la construcción del Canal Interoceánico como parte de un conjunto de proyectos y actividades capaces de sacar a Nicaragua del estancamiento y la pobreza. Mi interés sobre el tema me llevó a contactar a un excompañero de colegio que había sido embajador de Nicaragua en un poderoso país europeo donde promovió el Canal.
Ahora que el Canal por Nicaragua se ha convertido en un tema central del quehacer de la clase política y del gobierno de nuestro empobrecido país, así como de la comunidad internacional, creo oportuno compartir algunas reflexiones que pueden ser de interés y beneficio para todos.
Es un hecho que, no obstante su elevado costo y complejidades técnicas, el Canal por Nicaragua es factible, aunque los promotores del actual proyecto han divulgado información a todas luces insuficiente dejando demasiados cabos sueltos. Por lo tanto, creo necesario plantear a la opinión pública, a los técnicos, dirigentes empresariales y políticos la pregunta siguiente: ¿Cuál de las siguientes opciones le conviene más a Nicaragua?:
1. La fórmula actual de una concesión otorgada a la carrera y prácticamente en secreto por una Asamblea Legislativa de dudosa legitimidad a la empresa china HKND presidida por el señor Wang Jing.
2. Construir el Canal con apoyo de Rusia cuyo presidente Vladimir Putin visitó sorpresivamente Nicaragua para abordar el tema, pero que se encuentra al borde del colapso económico.
3. Construirlo con capital de países de la Unión Europea donde hay recursos suficientes y experiencia en obras de similar naturaleza y dimensiones.
4. Construirlo como un proyecto propio de los países del Continente Americano.
En otras palabras, la pregunta que debemos responder con serenidad y argumentos objetivos es: ¿le conviene a Nicaragua un canal co-americano, un canal co-europeo, co-ruso o co-chino?
Personalmente estoy convencido que el Gran Canal a través de Nicaragua es una obra de dimensión y significación histórica que debería ser realizada por todos los países de América unidos. En efecto, por su magnitud y trascendencia literalmente planetarias, el Canal a través de Nicaragua debería ser objeto de un tratado continental, creándose una especie de “OEA canalera”, en la cual a Nicaragua como Estado y a su noble pueblo se le reconozca la posición y el derecho inalienable que le corresponde por la gracia y bendición de Dios. ¿Qué piensa usted?
El autor es fundador de la CPDH y actual Presidente Nacional del PSC.
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