Recientemente se bachilleraron cerca de 60,000 estudiantes, 45,000 egresados de institutos nacionales y 15,000 de colegios privados. Muchos de ellos seguirán estudios superiores, sin tener una idea clara de sus aptitudes e intereses vocacionales, ni de la naturaleza, contenido y perspectivas de las carreras profesionales.
Con el correr de los años, la elección de la futura profesión se ha vuelto una tarea compleja y difícil. A mediados del siglo pasado había en Nicaragua una sola universidad (Universidad Nacional), con pocas carreras: Medicina, Odontología, Farmacia y Derecho en León; Economía e Ingeniería en Managua; de modo que era relativamente sencillo elegir la futura profesión. Si uno era bueno para las ciencias, optaba entre Medicina, Odontología y Farmacia; si era bueno para las matemáticas, elegía Ingeniería o Economía; si le gustaban las letras y era discutidor, no dudaba en matricularse en la Escuela de Derecho.
Con el tiempo, todo se complicó. El joven de hoy puede elegir entre más de 100 carreras profesionales que actualmente le ofrecen más de 40 universidades públicas y privadas. Saber elegir en ese montón de carreras es una tarea compleja y de gran responsabilidad. Es tan delicado como saber elegir a la persona con la cual uno se va a casar. Los arrepentimientos llegan tarde y es difícil rectificar. Quien ya tiene una profesión y no le gusta, pasa amargado el resto de su vida.
Elegir con acierto la futura profesión es de mucha importancia para el joven bachiller y su familia. También para nuestra patria, por la importancia que tienen los recursos humanos calificados en el desarrollo económico y social de un país.
Hoy más que en el pasado, los jóvenes requieren información y apoyo técnico que les permita encontrar respuesta a tres preguntas fundamentales:
—¿Cuáles son mis aptitudes e intereses vocacionales?
—¿Cuáles son las carreras que más concuerdan con mis aptitudes e intereses?
—¿Cuáles son las universidades que me convienen, de acuerdo con mis aptitudes, intereses y posibilidades?
El apoyo a los jóvenes en este proceso de exploración, es sobre todo importante, por las edades tempranas en que actualmente se están bachillerando, 16 a 17 años, sin haber completado el desarrollo de su personalidad.
Todo estudiante, en sus dos últimos años de secundaria, debe recibir la información profesional requerida, comenzando por exposiciones periódicas de profesionales de diferentes áreas, médicos, ingenieros, arquitectos, abogados, etc., invitados por el colegio para que hablen de sus respectivas profesiones, e intercambien libremente opiniones con los alumnos. Asimismo, invitar a las diferentes universidades para que sus representantes dialoguen con los alumnos sobre las carreras que ofrecen, los requisitos de ingreso, aranceles, duración y modalidades de los cursos: regulares, sabatinos, dominicales, a distancia y expongan, así mismo, toda información útil para la toma de decisiones del futuro bachiller, como por ejemplo, las demandas en el mercado de profesionales en las distintas áreas, para evitar la saturación en profesiones como Derecho, o la baja posibilidad de empleo en áreas como la Diplomacia y Relaciones Internacionales.
Sobre todo, estimamos necesario impulsar el Programa de Formación Vocacional y Orientación Profesional, formulado en diciembre de 1998 por el MED, especialmente en lo que se refiere al apoyo que el estudiante debe recibir en el conocimiento de sí mismo y de las carreras profesionales que más armonizan con sus aptitudes e intereses.
Es de especial importancia, la aplicación de test vocacionales y de capacidad general. Al respecto existen test de mucha confiabilidad que hemos adaptado para Nicaragua, como la Escala de Preferencia Personal, de Kuder; la Escala de Preferencia Vocacional, del mismo autor; y el test de las Matrices Progresivas de Raven. Todos ellos en proceso de automatización, a fin de que los estudiantes puedan autoevaluarse, con un sistema en línea a través de internet, que les permita, sin costo alguno tomar conciencia de sus capacidades, aptitudes e intereses vocacionales y adoptar, con mayor propiedad, una decisión acertada para su futuro profesional y bienestar humano.
El autor es Psicólogo
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