El nacimiento de un nuevo año trae siempre consigo la necesidad de entregarse a profundas reflexiones. Y yo deseo compartir las que me he hecho alrededor de la comedia que una banda de estafadores escenifica en nuestro país, comedia que sería bufa, de no haber ya claramente demostrado su pavoroso potencial para enlutar, derramar sangre, destruir irreversiblemente los recursos naturales sobre los que descansa nuestro futuro, y transformar Nicaragua, de nación soberana, a enclave sometido a amos extranjeros:
1. El más elemental de los análisis demuestra que, desde la óptica estrictamente financiera, aún si se menospreciaran los inconmensurables daños humanos y materiales que —¡naturalmente!— asumiría Nicaragua, el fantasmagórico canal sería una inversión desastrosa que acarrearía, a quienes la hicieran, pérdidas anuales de miles de millones de dólares.
2. Uniendo este hecho a la cantidad de disparates y contradicciones en que han incurrido los fantasmales inversionistas y sus lacayos nacionales, es inevitable que uno se pregunte, para empezar, cuáles son los auténticos objetivos que estos individuos persiguen. De entrada, yo descarto que los mueva el generoso anhelo de sacrificar ingentes cantidades de dinero con tal de elevar el nivel de vida de los nicaragüenses y dar un impulso vital a la economía del mundo entero, acaso el mayor dislate que nos quieren hacer tragar. Eso me deja con una sola hipótesis razonable: los nuevos filibusteros están interesados en apoderarse, inicialmente, de un importante trozo del territorio nacional, tierras, bosques, aguas, lago para el que algunos planes deben tener—, costas, recursos pesqueros, minerales, potencial turístico, facilidades para lavar dinero sin sobresaltos, miserables a quienes avasallar, y sabrá Dios cuántas cosas más. Inicialmente, pues si les permitiéramos devorar el territorio del que hasta ahora han hablado, difícilmente su atroz apetito quedaría saciado.
3. Es razonable suponer que también haya intereses geopolíticos. Desde luego, no dudo de que dirigentes chinos estén al acecho: acaso estos filibusteros generen valiosas oportunidades en el futuro; pero no nos precipitemos, dejémoslos trabajar, eso sí, guardando las debidas distancias y permaneciendo ojo avizor. Pues Washington se pondría sumamente nervioso si sus servicios de Inteligencia descubrieran al partido comunista oculto detrás de la aventura; por algo el gobierno chino y Walker Jing han sido insistentes en asegurar públicamente y, no lo dudemos, también en privado— que nada tiene que ver el primero con las andanzas del segundo, un creativo empresario privado. Quien, curiosamente, hace pocos días rindió un público, apasionado testimonio de su inquebrantable lealtad al partido comunista. Ni más ni menos un mensaje tranquilizador que la dirigencia china envía, tanto a Washington, como a sus miembros más cautelosos: no se preocupen ustedes, este ciudadano es dócil, y sabe que no queremos conflictos de ninguna especie con los norteamericanos. Despreocúpense. No le permitiríamos locuras.
4. Una honda preocupación atormenta a los actuales vendepatria. Pues su ineptitud y corrupción, que tienen convertida a Nicaragua en el país más miserable de la América, nunca les permitieron ver más salida, para aferrarse al poder, mantener sus suntuosos estilos de vida, y tratar de hacer de cada pobre un sumiso limosnero, que la de convertirse en impenitentes celestinos. Y tan pronto la infortunada Nicaragua cayó en sus garras, a la venta pusieron sus encantos. Empezó entonces el alucinante desfile que aún dura— de variados pretendientes, adinerados todos, desde luego; mientras, llenos de regocijo, los voraces mercaderes cínicamente claman: ¡el rey ha muerto, viva el rey !
Y hacia Nicaragua esa caravana pasó y sigue pasando. Abriendo la marcha vimos a la Unión Soviética, siguió luego Libia y en turno está Venezuela ¿hasta cuándo? En la obvia respuesta a esta pregunta está el génesis de la tragicomedia que al presente nos aflige: ni siquiera un país tan rico como Venezuela puede soportar incólume la sarta de enloquecidas sandeces perpetradas por sus dos últimos caporales. Y pandió el cúnico entre los rufianes: ¡Venezuela se está empobreciendo, pronto no podrá mantenernos, precisamos encontrar un nuevo, dadivoso galán para la doncella!
Hasta que ante sus afligidos ojos surgió, como por milagro, la mafia china; trillones de sucios dólares en permanente cacería de presas ingenuas, necesitadas y a merced de inescrupulosos alcahuetes. ¡Y nació la ley 840!
¡Nicaragüenses! ¡Hasta cuándo soportaremos tanta ignominia!
El autor es presidente del partido de acción ciudadana.
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