El primer editorial que escribí en el 2014 lo titulé La Facilitación, una obligación refiriéndome a la experiencia vivida en el Puerto Salvador Allende en relación con las molestias causadas por las filas para poder comprar los boletos para navegar en el lago Xolotlán.
Este año 2015 lo inicio escribiendo nuevamente sobre el tema de la falta de facilitación, ya que el problema sigue siendo el mismo y peor. Lo único es que ahora me quiero referir a la situación de los pasajeros aéreos y terrestres.
Me refiero particularmente a la situación que estamos viviendo los aproximadamente quinientos mil usuarios que utilizamos el aeropuerto como puerto de entrada y salida del país y los ochocientos mil usuarios que utilizamos los puestos fronterizos.
Desde Cosep, Canatur, Cantur, las empresas privadas nacionales e internacionales en el sector turístico, Intur y otras organizaciones del sector público, se ha venido haciendo un esfuerzo muy importante ligado al posicionamiento de Nicaragua como un nuevo destino turístico mundial.
De hecho el número de turistas que ingresa al país muestra un crecimiento de treinta por ciento entre el año 2010 y el año 2014, lo que arroja un crecimiento promedio anual de 7.2 por ciento en este período. Al cierre de diciembre se ha estimado que la cifra de turistas supera la cifra de 1,315,000.
Nicaragua en los últimos meses ha sido tema permanente de referencia a nivel de las revistas especializadas en turismo mundial como uno de los principales destinos a visitar a nivel global. El último de estos artículos lo publicó el diario Boston Globe, que catalogó a Nicaragua como el destino más caliente de América Central y una de las mejores gangas de la región.
Finalmente, después de muchos años, estamos dejando de ser una referencia mundial como un país reconocido por sus guerras y conflictos para ser reposicionados en el mapa mundial como un país de puertas abiertas, inmensas bellezas naturales y una enorme hospitalidad.
Sin embargo, todos estos esfuerzos se ven afectados por la falta de coherencia institucional de parte de las instituciones del Estado encargadas de las entradas y salidas del país.
En el mundo del turismo internacional la primera impresión es vital para la promoción boca a boca que a su vez es tan necesaria para incrementar la afluencia de turismo en los destinos.
En nuestro país la primera impresión es la burocracia migratoria. Burocracia es ser el único país del mundo con cinco formularios migratorios. Son tres formularios que se llenan para entrar al país y dos para salir. Es ya un tema común de los visitantes que llegan por primera vez al país cuestionar para qué se llenan tantos formularios.
Mientras el mundo avanza en la eliminación de formularios, Nicaragua avanza en dirección contraria. Contradictoriamente, aquí la tónica es producir más y no menos formularios. En Centroamérica ya hay países como Guatemala, que siguen apostando a la facilitación, que llenan únicamente dos formularios, uno al entrar y otro al salir. Inclusive en Estados Unidos y la Unión Europea se están prácticamente eliminando los formularios. Apostemos a lo que hace Guatemala.
Burocracia es ser uno de los pocos países del mundo, sino el único, donde te toman fotos para entrar y para salir del país por parte de los funcionarios de Migración. No hay necesidad de tomar fotos para salir del país. No estamos siendo más inteligentes, ni más seguros que el resto de los países del mundo. Hay que eliminar la foto para salir.
Y no solo eso, sino que recientemente se tomaron medidas por parte del Ministerio de Gobernación que dan una imagen muy lamentable de nuestro país. Son dos medidas nuevas que deben ser eliminadas a lo inmediato. Una es la decisión de no permitir que las familias puedan pasar como grupo familiar al módulo migratorio. Esto incluso se aplica para los menores de edad. La otra medida es la realización de los cuestionamientos aleatorios que les hacen a los pasajeros alrededor de información personal.
Todo lo anterior provoca no solo una pésima imagen de nuestro país, sino también ocasiona atrasos, filas inmensas, costos innecesarios y una mala propaganda de boca en boca. La solución parece ser que los funcionarios públicos, en vez de entrar y salir por protocolo, hagan filas para que se den cuenta del daño que le hacemos a nuestra imagen país.
El autor es presidente del Cosep.
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