La enorme codependencia entre China y EE. UU.

Hasta la crisis de 2008-09 el exceso de demanda en los Estados Unidos en relación con su producción interna —y por tanto su demanda por importaciones del resto del mundo— era el factor que “arrastraba” en última instancia el crecimiento de la economía mundial.

Hasta la crisis de 2008-09 el exceso de demanda en los Estados Unidos en relación con su producción interna —y por tanto su demanda por importaciones del resto del mundo— era el factor que “arrastraba” en última instancia el crecimiento de la economía mundial.

Sin embargo cuando el gasto interno (demanda interna o absorción) de un país crece por encima de su ingreso, como es el caso de los EE. UU., el mismo deberá cubrir la diferencia entre su gasto y su ingreso mediante recurriendo al ahorro externo. Otra manera de apreciar este mismo proceso es constatar que el crecimiento, el gasto interno por encima del ingreso nacional, produce un exceso en las importaciones sobre las exportaciones de bienes y servicios no factoriales (un déficit en la cuenta corriente) de la misma cuantía, que se debe cubrir con ahorro externo.

Se trata de dos caras de la misma moneda: un desequilibrio interno (déficit de ahorro) se refleja en uno externo (déficit en cuenta corriente). El ahorro externo deberá cubrir el exceso de gasto sobre el ingreso (déficit de ahorro interno) y el exceso de las importaciones sobre las exportaciones (déficit en cuenta corriente).

Por el contrario los países como China, que gastan por debajo de su ingreso, presentarán un superávit interno (un exceso de ahorro) y un superávit externo (exportan más de lo que importan), y deberán enviar su excedente de ahorro al exterior.

Si estos desequilibrios son más o menos duraderos, estaremos en presencia de una situación de codependencia estructural: los países con un gran exceso de ahorro como China financiarán el déficit de los países que gastan muy por encima de su ingreso, como los EE. UU., mientras que dependerán del mercado de estos últimos para mantener su excedente de exportación.

De hecho, el crecimiento de China ha estado fuertemente vinculado a sus excedentes de exportación hacia los EE. UU., el mercado más grande del mundo. Dado que esta codependencia afecta a las dos mayores economías del planeta, sus repercusiones son globales.

Ahora bien, los países como China que utilizan el dólar como principal moneda de reserva no almacenan los dólares en grandes bóvedas, sino que las colocan, en gran parte, en Letras del Tesoro norteamericano, cuyo rendimiento es muy reducido. Estados Unidos obtiene así un generoso financiamiento del resto del mundo a un interés sumamente bajo.

Los países con exceso de ahorro utilizan porcentajes muy altos de su ingreso nacional —en el caso de China casi el 15 por ciento del PIB— en mantener títulos del tesoro, que les devuelven rendimientos extremadamente bajos. El costo de oportunidad de mantener semejante nivel de reservas resulta ser demasiado alto. Pero China parece determinada a desviar un porcentaje creciente de su exceso de ahorro, desde la compra de bonos del tesoro norteamericano, hacia el financiamiento de inversiones en el exterior de sus grandes empresas productoras de equipos y constructoras de grandes obras de infraestructura.

Se ha anunciado que estas inversiones ya no requerirán aprobación burocrática, las empresas podrán cambiar moneda directamente en los bancos sin tener que registrarse previamente, y se incrementará el apoyo a las mismas en términos de créditos del Eximbank y el Banco de Desarrollo.

Los propios grandes bancos chinos podrán abrir sucursales en el exterior, estableciendo sus propios centros financieros, y acompañar así la expansión de sus propias transnacionales. La construcción de grandes obras de infraestructura y de plataformas logísticas, financieras y comerciales en el exterior beneficiaría directamente a las grandes empresas chinas de construcción y productoras de equipos en el sector de infraestructura, que actualmente padecen de una enorme capacidad ociosa, en la medida en que se les adjudiquen contratos financiados por los grandes bancos chinos, y les posibilitará nuevos campos globales de acción.

(*)Economista

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