En el cuarto piso de un antiguo edificio de la Habana vieja, donde conversan a gritos varios amigos, alrededor de la mesa en la que se saborea un caldo de frijoles y tazas diminutas con esencia de café, Miguel (nombre ficticio porque solicitó anonimato) dice que desde el 17 de diciembre él es otro hombre. Es un hombre feliz. Estoy feliz porque ya pronto vienen los americanos y esto se compone. Esto no es fácil, comenta Miguel y en seguida suelta una risotada y golpea la mesa con los nudillos de la mano para sellar lo que acaba de decir. Los demás estallan a carcajadas.
El miércoles 17 de diciembre se supo la noticia que Miguel celebraba cuatro días después. Ese mediodía, por cadena nacional de radio y televisión, habló el mandatario cubano Raúl Castro, hermano de Fidel, el legendario líder que ha gobernado la isla con mano de hierro por más de medio siglo.
El trovador cubano, quien interpretó muchos de sus temas más conocidos como Ojalá y El necio, se sumó a la celebración de los cubanos por el regreso de “los cinco”, luego que tres de ellos fueran liberados el pasado 17 de diciembre por el gobierno de Estados Unidos, y tras 15 años retornaran a la Habana. [/doap_box]
Resultado de un diálogo al más alto nivel, que incluyó una conversación telefónica que sostuve ayer (16 de diciembre) con el presidente Barack Obama, se ha podido avanzar en la solución de algunos temas de interés para ambas naciones, dijo Castro durante su alocución.
Desde que asumió la silla dejada por su hermano, quien se retiró por problemas de salud y su edad avanzada, Raúl Castro se ha caracterizado por ir al grano, y esta vez no fue la excepción. Como señal de ese histórico acercamiento anunció la liberación de los héroes cubanos que estaban presos en EE. UU. desde el 2001. Mientras tanto, Obama en la Casa Blanca también anunciaba la liberación de los prisioneros a los calificó de agentes.
Por casualidad divina el histórico anuncio, que ocupó la portada de los diarios más importantes del mundo, coincidió con la celebración de San Lázaro, un santo venerado por los católicos pero también por la santería cubana. Desde la víspera, se desparraman cantos y tambores por las calles de La Habana.
En la religión afro yoruba San Lázaro representa a Babalú Ayé, quien también cura de enfermedades como la lepra, viruela y de cualquier peste humana.
De alguna manera la escasez generalizada sobre todo de comida causada por el embargo económico que declaró EE. UU. a comienzos de los sesenta, en represalia al régimen comunista que implantaron los Castro en la isla cuando decidieron alinearse con los países del bloque socialista, millones de cubanos la han vivido como una verdadera peste.
VIENEN LOS AMERICANOS
Esto se va a poner mejor ahora que vengan los americanos, comenta Luis Lamothe, un artista plástico que trabaja la técnica del grabado y que comercializa sus cuadros en un taller que comparte con otros pintores en un sector turístico de La Habana vieja.
Lamothe, quien ha visitado países europeos y que vende bien sus cuadros en la capital cubana, cree que su trabajo puede valorarse más si empieza a llegar el turismo estadounidense.
En la esquina caliente, en el parque central de La Habana, también se habla de lo mismo.
Entre la confusión de voces se oyen expresiones en tono beisbolero como ñooo, ese tipo es inteligente. Está fuera de liga, refiriéndose a Obama, o habrá que esperar qué dicen los tipos, comentan otros subiendo y bajando la mano sin tocarse la barbilla en alusión a la barba de los Castro.
En el teatro Mella de La Habana, el director de una orquesta estadounidense, compuesta por latinos, que fue invitada a la edición número 30 del festival Jazz Plaza, también menciona a Raúl Castro y Barack Obama antes de empezar a tocar. Un aguacero de aplausos sella el agradecimiento del músico.
En la misma semana del anuncio, cuando se celebra en el teatro José Martí un emotivo homenaje por la obra musical de Sergio Vitier, el músico en su breve discurso, que saca lágrimas a sus seguidores, hace alusión a esta alegría que estamos viviendo todos. El público, que colma la platea y los balcones del Martí, un teatro de arquitectura barroca fundado a fines del siglo 19 que recién se remozó, corresponde batiendo las palmas.
LAS DOS MONEDAS DE LA ECONOMÍA
No se disimula esa alegría en las calles. En estos días corre un aire fresco por Obispo, una calle peatonal que arranca al pie del Floridita, el bar que se volvió famoso porque por ahí pasaba tomándose unos daiquirí Ernest Hemingway, el suicida escritor estadounidense y premio Nobel.
Ahora, lo único norteamericano que circula son los carros viejos que se importaron antes de la revolución y que aún funcionan como taxis en La Habana.
Crece en Obispo el tráfico de turistas extranjeros que sacan fotos a los edificios coloniales, muchos de ellos ruinosos pero con algún encanto, regatean algún souvenir en las tiendas de artesanías y se resbalan por restaurantes donde tocan orquestas en vivo que incluyen un repertorio de canciones archirreconocidas fuera de la isla.
Se oye Bailando, el tema del músico cubano Descemer Bueno, que fuera de la isla la popularizó Enrique Iglesias. También se oye Chan Chan , de la orquesta Buena Vista Social Club, cuyas voces principales todos hombres mayores de 80 años han ido falleciendo.
Tampoco falta, Hasta siempre comandante , el tema que hizo Carlos Puebla al guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, figura omnisciente en casi cualquier resquicio de la cotidianidad cubana: su efigie está en calles, museos, edificios y artesanías.
En esa calle convergen, como en el resto del país, las dos monedas cubanas: el cuc que es el peso convertible que inventó el estado cubano para captar divisas y se recibe a cambio de los dólares que se vende en las Cadecas, el nombre de las casas de cambio.
El cambio oficial por estos días es de 87 centavos de cuc a cambio de un dólar.
El cuc sirve para comprar en bares y restaurantes, donde una cerveza puede costar 1.50 cuc en adelante y un plato de comida en siete u ocho cuc.
También se puede arrancar por 10 cuc un afiche de la famosa película Fresa y chocolate, que fue candidata a los premios Óscar como mejor película extranjera a mediados de los noventa.
En pesos cubanos, la otra moneda que corre por Obispo y que está a 24 por uno en relación con el cuc, se compran cartuchos de maní, galletas y ejemplares del Granma y Juventud Rebelde.
Un turista distraído puede terminar pagando en vez de un peso cubano un cuc por uno de esos diarios.
En Obispo también se localiza uno que otro paladar, como se les llama a los comedores que venden en pesos cubanos a cubanos y a extranjeros camuflados.
Hay tendencia, cada vez más, a colocar precios en cuc y en pesos.
En el mundo cultural se cobra en las dos monedas.
Un espectáculo que cuesta dos pesos para los cubanos, vale dos cuc para el extranjero.
De la época de vacas flacas, que los cubanos conocen como el “período especial” a comienzos de los noventa, se tienen los peores recuerdos.
“De un huevo comían cinco personas”, comenta una ama de casa. Desde esos malos tiempos se repite la leyenda urbana, que en lugar de pan con lechón se vendía pan con frazada (mecha de lampazo) que se teñía con algunos saborizantes. Cuando se le pregunta a los que echan el cuento si alguna vez la comieron, dicen que no, que eso les pasó a otros.
“En el período especial me tocó coger hojas de boniato ponerlas a hervir y comerlas con sal”, comenta un hombre originario de Holguín, al oriente de Cuba.
Otra dificultad fue el transporte. Para “coger guagua” se esperaban horas, por lo que la población debía emprender largas caminatas para llegar a sus trabajos y centros de estudio. [/doap_box]
La misma política aplica para los museos y los cines, donde la entrada para los cubanos cuesta menos de diez centavos de dólar (dos pesos), un valor casi impensable en otras capitales latinoamericanos donde la cultura es un lujo. Cabe decir que en esta época, la oferta cultural de cines, teatros y bares es tan variada que se necesitaría una redacción especial para cultura y espectáculos. A comienzos de diciembre, poco antes del anuncio, concluyó el 36 festival de cine latinoamericano en el que se proyectaron 578 películas y documentales. Para ver algunas producciones habían colas de dos y tres cuadras y se esperaba de una a dos horas. Hacer cola para todo es parte de la cotidianidad cubana desde hace 56 años cuando todo cambió.
LO QUE HABÍA Y PUEDE VOLVER
En los setenta y en los ochenta vivimos bien. Aquí había de todo, no faltaba nada. Venía compota, leche condensada y jamón enlatado de la Unión Soviética. Pero después de la caída del bloque socialista esto se puso malo, comenta un médico jubilado que estuvo de misión en Ucrania después del accidente nuclear de Chernobyl.
La libreta de abastecimiento incluía una cuota de cigarros, dice el mismo hombre y asegura que el cuadernillo que llegó a proveer con más de 40 productos se ha ido adelgazando con los años. Muchos productos hoy solo se consiguen por la libre, y eso implica, para la mayoría de los cubanos, desembolsar un dinero que no tienen. Pánfilo, un personaje humorístico de la televisión, se burla todo el tiempo de la tarjeta anoréxica.
La reducción de los productos subsidiados repercute en la economía de muchas familias cubanas que solo devengan sueldos en pesos cubanos y no reciben remesas de familiares en el extranjero y que no tienen divisas para comprar en las shopping pequeños supermercados donde se hallan productos básicos como leche en polvo y café con precios en cuc.
Por ejemplo, en una familia promedio donde trabajan dos personas, el ingreso puede rondar los 600 pesos, más o menos 20 cuc, unos 25 dólares, y una libra de leche en polvo se consigue en esas tiendas a 5.75 cuc, más o menos eso puede costar en cualquier otro país de la región, donde los sueldos, aún los mínimos, distan mucho de lo que paga el Estado cubano.
Esa realidad ha provocado que miles de profesionales y técnicos abandonen sus puestos de trabajo en el Estado y busquen empleo por cuenta propia, opciones que hace algún tiempo no podían contemplarse.
Muchos no han querido trabajarle a estos tipos por 255 pesos. Mejor se han tirado a la calle. Durante mucho tiempo, si alguien tenía un oficio no podía ejercerlo porque se consideraba un acto contrarrevolucionario, era lo mismo que si te cogían con un billete de un dólar, ibas preso, dice Miguel, un hombre bajo, de brazos fibrosos y cabello cano, quien se gana la vida dándole mantenimiento a la casa de una pareja de músicos, un sector que se consideró privilegiado dentro del régimen cubano.
Wilfredo López, técnico en electricidad industrial, también optó en trabajar por su cuenta.
López, 39 años, papá de un niño de 12 años, es vendedor ambulante de cangrejitos, un dulce que se hace con harina, guayaba y azúcar.
López sacó hace pocos meses una licencia que le permite producir y vender alimentos ligeros.
Cinco días de la semana, después de las 2:00 de la tarde, recorre a pie las calles de un reparto en las afueras de La Habana. Antes de las 7:00 de la noche vende 750 cangrejitos que le dejan una ganancia aproximada de seis dólares por día.
Dulce Sarduy, de 44 años, también se siente más cómoda en este mundo informal. Ella trabaja en una tienda de artesanías, en la que se venden artículos que van desde los 50 centavos de cuc hasta cuadros de pintura que sobrepasan los cuarenta. Ella gana el 10 por ciento de lo que vende.
Hay días que me puedo ir con tres cuc, o puede ser que gane hasta 30, dice esta mujer mamá que tiene dos hijas, una de ellas reside en Italia y a veces le manda un dinerito.
El cuentapropismo es una de las medidas de empleo que ha empujado en los últimos años Raúl Castro.
MÉDICOS MAL PAGADOS
En la cadena de desvalorización del trabajo, también cayeron los médicos, que hasta hace poco ganaban el equivalente a 20 dólares en los hospitales y policlínicos de la isla.
En la actualidad, el Gobierno elevó sus salarios hasta un aproximado de 60 dólares, a pesar de que por los servicios que estos profesionales prestan en el exterior el Estado cubano recibe varios miles de millones de dólares.
Desgraciadamente no han mejorado las pensiones de los jubilados, se lamenta el médico jubilado.
Muchos dicen que todavía estamos viviendo el período especial, comenta el jubilado que regularmente acude a la bodega el equivalente a los puestos de Enabas que había en Nicaragua en la década de los ochenta a buscar los productos de la libreta que aún subsidia el Gobierno.
En el trayecto a la bodega a veces se topa con otros de su edad, muchos jubilados también, que venden maní y galletas para sobrevivir. En la película Suite Habana , del director Fernando Pérez, sigue la historia real de Ofelia, una anciana jubilada de 70 años que vende maní tostado en las calles.
Con lo que se gana se sostienen, ella y su esposo. En Cuba la población ha envejecido lentamente. Se estima que el 18 por ciento pertenece a la tercera edad. Se ven muchas Ofelias por las calles de La Habana. Algunas se sientan en los alrededores de la heladería Coppelia a esperar clientes. No pueden quedarse mucho tiempo en el mismo lugar. Caminar es una condición de la licencia. Debajo del estruendo de un coro que dice: De alto Cedro voy para Macarne, llego a Cueto voy para Mayarí, se ve transitar las sombras de estas Ofelias.
Esa es una señal, de que sin duda, esto no es -y no ha sido- fácil como dice Miguel que ahora, con los balcones abiertos del viejo apartamento, no quiere renunciar a ser un hombre feliz.
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