En 1948 José Figueres Ferrer después del triunfo del movimiento de liberación nacional que terminó con la guerra civil de Costa Rica asume como jefe de la Junta de Gobierno Provisional con el compromiso de entregarle el poder a Otilio Ulate Blanco 18 meses después quien fue el legítimo ganador en las elecciones frente a Rafael Ángel Calderón que habían sido declarado nulas y en 1949 después de convocar a una Constituyente se incorpora en la nueva Constitución la abolición del Ejército y la no reelección de los diputados.
El otro país en el istmo centroamericano que siguió el ejemplo de Costa Rica es la República de Panamá y fue el presidente Guillermo Endara quien declaró abolido el Ejército en 1990, mediante reformas constitucionales un año después de la captura y extradición de Manuel Noriega a los Estados Unidos de América por la DGA donde guardó prisión por 30 años por el delito de tráfico de drogas.
Lo interesante en estos dos países que abolieron el Ejército es que hay una correlación clara entre esta medida y el desarrollo económico y social que han experimentado Costa Rica y Panamá desde que se transformaron en repúblicas con vocación civilista y no militar en comparación con países con Ejército como el nuestro donde podemos ver las diferencias abismales en los índices económicos y sociales.
Examinando el PIB per cápita del 2013 que es el indicador más claro para determinar el grado de desarrollo y progreso de un país, nos encontramos de acuerdo al Fondo Monetario Internacional que Panamá aparece a la cabeza del istmo centroamericano con US$$11,400 le sigue Costa Rica con un valor de US 10,185, muy cerca de su vecino del Sur y Nicaragua la raquítica suma de US$$1,857 en comparación con los dos países mencionados que no tienen Ejército, aproximadamente 5 veces menos que las cifras indicadas para cada uno de los dos países civilistas de Centroamérica.
La lógica nos dice que al desaparecer el Ejército, el Presupuesto General de la República contaría con una inyección de recursos fenomenal que le permitiría al gobierno civilista que asuma, mejorar significativamente los servicios a la población especialmente en Educación, Salud, Suministro de agua potable, viviendas, incentivos a la Producción, etc. y veremos cómo casi por arte de magia el PIB se elevaría a niveles extraordinarios y competitivos con los dos países señalados que no tienen fuerzas armadas.
Por otra parte como dato curioso e interesante, sabían ustedes amigos lectores que el aporte esperado para fines del 2014 del Canal de Suez al PIB de Egipto es 3.7 por ciento y el de Panamá 2.4 por ciento solamente, lo cual nos indica con claridad que la abolición del Ejército definitivamente es mejor opción para el desarrollo sostenido del país y la prueba la podemos ver con los dos países que se indican uno con canal y el otro sin canal y ambos están a la cabeza en sus respectivos PIB per cápita Panamá en primer lugar y Costa Rica en segundo en el istmo centroamericano y lo único que tienen en común es que no tienen Ejército confirmando de esta manera la correlación de que hablábamos al principio de este artículo.
Por supuesto que no se trata de mandar a la calle a los miembros del Ejército, sobre todo a aquellos que han demostrado algún grado de profesionalidad y los soldados de base que no han tenido otra opción para el sustento de ellos y su familia, sino que un nuevo gobierno civilista debe darles la oportunidad de servir al pueblo en múltiples tareas, cambiando el fusil de guerra por instrumentos de paz, prosperidad y verdadero amor a la familia nicaragüense que tanto lo necesita.
El autor es ingeniero Agrónomo ambientalista
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