En algunas ocasiones suceden en lugares o en la vida de los seres humanos, acontecimientos fuera de lo común, inesperados o que originados antaño reviven en forma violenta y nefasta, que se ciernen en forma ominosa sobre un pueblo o una nación. Desde la época de Napoleón III se menciona un canal por Nicaragua, pasando por un fugaz interés de españoles que vieron la posibilidad de usar el río San Juan.
Muchos años después EE. UU. muestra interés en el canal y en 1914 firma un tratado que le da opción a perpetuidad para construirlo en Nicaragua, lo que en el fondo llevaba la intención de no perjudicar al Canal de Panamá.
En 1970 dicho tratado fue abolido por el dictador de turno y se olvidó por un tiempo este megaproyecto, hasta que Nicaragua, dominada por otra dictadura que se alió con el caudillo liberal indeseable, volvió a tomar el proyecto del canal a mi juicio con instrucciones de los hermanos Castro de Cuba, y del gobierno de la Venezuela chavista. Entonces, en algunos casos de manera sutil y en otras ocasiones ante la vista y paciencia del pueblo nicaragüense, el dictador conculca todos los derechos y se convierte en un Julio César, con la plena intención de sacarle provecho personal y mantener a todos los poderes bajo su férrea mano; invocando por un lado a Jesucristo y por el otro al creador del Alba que ya lo convirtieron en santo.
Venezuela sigue favoreciendo al dictador de Nicaragua dándole los insumos que consumimos a diario y que lo han hecho millonario. Pero el hombre es insaciable, nunca está contento con su estatus, piensa en otros negocios más redituables y con el silencio que cubre todos los procesos cotidianos de este país, hace despertar al dragón convertido en canal y se lo entrega a un personaje desconocido de China, que se sospecha sea la careta del gobierno comunista-capitalista que está presta a devorar lo que encuentre en este continente y en este pobre país.
Se comenzó a especular sobre un acelerado progreso nunca visto en Nicaragua, la erradicación de la pobreza, la contratación de inmensa mano de obra, haciendo suspirar de posibilidades al sector que vive al acecho de hacer dinero de cualquier manera, ilusionando a quienes anhelan un trabajo y proyectos de construcciones con empresas y mano de obra nacional. L a obnubilación no permite ver el peligro amarillo que se nos viene encima y ya está provocando una fuerte reacción en los sectores que serán perjudicados por el canal, pues estos sí tienen los ojos abiertos y piensan que serán desalojados de sus tierras que poseen ancestralmente.
Al quedar dividida en dos partes se ignora el futuro de Nicaragua asociado a una China que tiene 1,500 millones de habitantes controlados férreamente por una dictadura comunista, en la cual se estima que solamente 300 millones son ricos y los otros dan gracias a la dictadura por proveerles paupérrimos salarios y trabajan haciendo muchísimos productos de países que les llaman capitalistas salvajes.
Digo esto porque no es remoto que la mayoría de la mano de obra que trabaje en la construcción del Canal sea china, pues ya están hablando de comenzar por hacer las viviendas de los chinitos que inundarán el país. El miedo ya está establecido porque si el tal Wang Jing será dueño y señor de Nicaragua, con mucho ingenio será el Gobierno comunista y capitalista de China el que establecerá aquí otra dictadura de color amarillo, pero fatal.
El autor es especialista en cooperativismo agrícola. Trabajó en el antiguo Banco Nacional de Nicaragua.
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