Si los hechos son lo que son y no lo que la política y la diplomacia pretenden que sean; y si a las cosas hay que llamarlas por su nombre en todas las circunstancias, se debe reconocer que la Cuba comunista totalitaria ha conseguido un triunfo histórico sobre los Estados Unidos capitalista y democrático.
Los castristas de dentro y fuera de Cuba tienen razón de celebrar como una gran victoria la decisión anunciada el miércoles de esta semana por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de que va a restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, que pedirá al Congreso una ley para poner fin al embargo económico y comercial y que retirará al régimen castrista de la lista de Estados que patrocinan el terrorismo en el mundo.
De hecho Obama ya había insinuado que tomaría esta decisión, o alguna semejante. En noviembre de 2013, durante una reunión con líderes de la comunidad estadounidense de origen cubano en Miami, el presidente Obama les dijo que ya había llegado el momento de reconsiderar las relaciones con el gobierno de Cuba.
Por otra parte, desde que asumió la presidencia de Cuba de manera definitiva Raúl Castro comenzó a manifestar su disposición a normalizar las relaciones con Estados Unidos, siempre y cuando se respetara su régimen totalitario y su sistema económico. De manera que los observadores habituales de la política de Estados Unidos con respecto a Cuba no fueron sorprendidos por el anuncio que Obama y Castro hicieron de manera coordinada este miércoles 17 de diciembre.
Hay que recordar que Estados Unidos no ha tenido el objetivo de derrocar al gobierno de Cuba. Desde la Crisis del Caribe de octubre de 1962, Estados Unidos se comprometió a respetar al régimen comunista cubano, a cambio de que la Unión Soviética retirara los misiles atómicos que había instalado en Cuba. La Unión Soviética desapareció en 1991, pero Estados Unidos siguió respetando el acuerdo de 1962, limitándose a respaldar algunas acciones conspirativas del exilio anticastrista, y a mantener un embargo económico y comercial con el fin de presionar al gobierno de Cuba para que respetara los derechos humanos e hiciera reformas democráticas.
Pero la política del embargo fracasó, según reconoció Obama en noviembre del año pasado. Y su “repensamiento” de la política de Estados Unidos hacia Cuba ha derivado en la decisión de restablecer relaciones diplomáticas con el Estado cubano, sin condiciones. Lo cual ha redundado en un gran triunfo del castrismo, porque Obama le dio a Raúl Castro todo a cambio de nada, ya que la liberación de dos prisioneros estadounidenses acusados de espías ha sido compensada con la de tres espías cubanos que estaban presos en Estados Unidos.
A juzgar por lo que ha dicho el mismo presidente Obama, Raúl Castro ni siquiera prometió respetar los derechos humanos, mucho menos considerar la posibilidad de una apertura política para realizar una reforma democrática gradual. Obama no consiguió —y tal vez ni la pidió— aunque fuese la promesa de que las Damas de Blanco no seguirán siendo vapuleadas en las calles y que no se encarcelará ni maltratará más en prisión a los disidentes democráticos pacíficos.
De manera que es explicable e incluso se justifica el repudio a la decisión de Obama por parte del exilio cubano en Estados Unidos.
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