Después de 53 años de acritud de la Guerra Fría y 18 meses de secretas negociaciones, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el de Cuba, Raúl Castro, reanudaron las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, un cambio histórico que podría vigorizar el flujo de dinero y personas a través del estrecho que separa a estos países.
El presidente del Cosep, José Adán Aguerri, saludó la decisión e indicó: “Hemos dicho que no es empobreciendo un país que se hace más democrático. Insisto, si la economía crece, crece la democracia”.
El sector empresarial confía en que las nuevas políticas para los viajes y las remesas permitirán el trabajo autónomo y el acceso a bienes de propiedad privada y facilitará que los cubanos que viven en Estados Unidos brinden capacitación comercial a las empresas y pequeños agricultores cubanos, lo que redundará en el florecimiento del naciente sector privado y un mayor flujo comercial, principalmente entre los dos millones de cubanos que viven en EE. UU. y los que viven en Cuba.
Para Aguerri, estas nuevas relaciones también cambian el contexto de la región y considera que una de las primeras muestras podría observarse en la Cumbre de las Américas, que se realizará en Panamá en abril de 2015, donde es posible que por primera vez en cinco décadas estén todos los países de la región.[/doap_box][doap_box title=»“Traición al Alba”» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]El diputado opositor Eliseo Núñez interpreta el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EE. UU. como “una traición de los Castro a Venezuela y al Alba en general”.
“Por un lado están sancionando a funcionarios venezolanos y en la otra mano están restableciendo relaciones con Cuba. Tiene que ver con la baja del petróleo, con la capacidad disminuida que tiene Venezuela ahora de continuar ayudando a Cuba (…). Es una manera de decir (a Venezuela) ‘bueno, se te acabó el dinero y no tengo que buscar cómo sobrevivir. No estoy dispuesto a pasar otro período especial, como cuando cayó la Unión Soviética’”, declaró.
Núñez afirmó que este cambio no garantizará la democracia en Cuba y que esta se lograría solo por dos vías: la muerte física de los Castro o por una revuelta popular, “que es mucho menos probable que lo primero”, afirmó.
Según Núñez, mientas Cuba reconstruye sus relaciones con EE. UU., el inconstitucional presidente Ortega “se fue de boca con sus exabruptos en Cuba”, lo que tendrá repercusión para la aprobación de los TPL, que generan miles de empleos en las zonas francas. “Ortega condenó con sus declaraciones siete mil empleos, como mínimo”, manifestó.[/doap_box]
Sin embargo, el histórico cambio, iniciado con el silencioso intercambio de espías encarcelados y la liberación del subcontratista gubernamental Alan Gross, no fue bien recibido por miembros del exilio cubano, disidentes en la isla y líderes republicanos. “Cobarde” y “traidor” fueron algunos calificativos para Obama.
“Estos cincuenta años han mostrado que el aislamiento no ha funcionado”, declaró Obama en la Casa Blanca. “Es hora de un enfoque nuevo”. Obama habló mientras Castro se dirigía a sus conciudadanos en La Habana. Castro dijo que, aunque ambos países tienen puntos de vista distintos en muchos aspectos, “deberíamos aprender el arte de vivir juntos de manera civilizada a pesar de nuestras diferencias”.
Los planes de Obama para relanzar las relaciones de Estados Unidos con Cuba son amplios: busca extender los vínculos económicos, abrir una embajada en La Habana, enviar funcionarios estadounidenses de alto rango —incluido el secretario de Estado John Kerry— para visitar la isla y someter a revisión la designación de Cuba como un país que patrocina el terrorismo. También está disminuyendo las restricciones para viajar a Cuba, incluidas las visitas a familiares, los negocios oficiales del Gobierno y las actividades educativas. Pero los viajes turísticos siguen prohibidos.
Las sorpresivas medidas llegan cuando Obama centra su atención en lo que será su legado, mientras que Castro trata de mejorar las condiciones económicas de su nación ante el estancamiento de reformas y la caída del precio del petróleo, que ha afectado con fuerza a sus aliados.
“Esto promete ser el cambio más grande en nuestras relaciones en cincuenta años”, dijo Ted Henken, analista y autor de Entrepreneurial Cuba, que examina los cambios económicos y sociales que Castro ha instituido desde que sucedió a su hermano Fidel en el poder en 2006.
Pero las reformas no han tenido mucho éxito por la falta de dinero de los cubanos. La moribunda economía de Cuba creció solo 1.4 por ciento este año, según cálculos del Gobierno, y muchas empresas privadas que abrieron a bombos y platillos en el último par de años han cerrado. Una reciente ley de inversión extranjera no ha atraído mucho capital.
“Si miras al mundo, (Cuba tiene) una urgente necesidad de recursos económicos, de divisas. Rusia enfrenta sanciones. Irán enfrenta sanciones, los chinos son empresarios muy prácticos”, dijo Paul Webster Hare, exembajador británico en La Habana. “Así que quieren abrir el grifo de nuevas divisas y Estados Unidos es el primero en la lista”.
A pesar de la declaración de Obama, el embargo a Cuba fue aprobado por el Congreso y solo los legisladores pueden revocarlo. Eso parece improbable que ocurra pronto, dado el rechazo que la mayoría de los republicanos expresó ante las acciones de Obama. Ese partido asumirá el control total del Capitolio a partir de enero.
“Las relaciones con el régimen de los Castro no deberían ser reexaminadas, mucho menos normalizadas, hasta que el pueblo cubano disfrute de libertad, y ni un segundo antes”, expresó John Boehner, republicano y presidente de la Cámara de Representantes. “Aquí no hay un ‘nuevo rumbo’, solo una más en una larga línea de concesiones inconscientes a una dictadura que trata brutalmente a su pueblo y conspira con nuestros enemigos”.
El senador Marco Rubio, de ascendencia cubana y cuyo nombre se maneja para la carrera presidencial, manifestó que hará “todo lo posible” para bloquear en el Congreso las medidas tomadas por Obama. Calificó de “inexplicable” la decisión de Obama de “premiar al régimen de Castro y comenzar el camino hacia la normalización de las relaciones con Cuba”.
La respuesta en diversas partes del mundo fue mucho más amigable, en especial en Latinoamérica, donde la política estadounidense hacia Cuba es motivo de duras críticas.
Obama dijo que sigue teniendo serias preocupaciones sobre la isla en materia de derechos humanos, pero no cree que la política estadounidense hacia Cuba haya estado impulsando un cambio en el comportamiento del Gobierno.