De todos los barómetros financieros que ponen de relieve la crisis de Venezuela, este podría ser el que más inquieta a los inversores con la caída del petróleo: las reservas de divisas del país solo cubren dos años de pago de bonos.
El Gobierno y la empresa petrolera estatal deben 21,000 millones de dólares en bonos extranjeros hasta fines de 2016, suma igual a alrededor del ciento por ciento de las reservas. Esas cifras explican por qué los operadores de derivados no solo apuestan a que una suspensión de pagos es casi segura sino también a que muy probablemente se produzca en el término de un año.
La caída de 42 por ciento del crudo en los últimos seis meses le quitó al presidente Nicolás Maduro la única cosa: ganancias imprevistas para el producto de exportación número uno del país- que impedía una crisis con todas las letras. “Estos son niveles de capitulación final por pánico”, dijo Kathryn Rooney Vera, economista de Bulltick Capital Markets, al responder preguntas por correo electrónico. “La caída continua del precio del petróleo está aumentando la aversión al riesgo de los exportadores, y más aún en una economía ya distorsionada como la de Venezuela”.
El costo de asegurar la deuda venezolana contra impago durante los próximos doce meses ayer aumentó a alrededor de 6,928 puntos básicos en Nueva York, de acuerdo con los datos de CMA, lo que llevó la brecha de la protección a cinco años a un récord.
El costo inicial de los contratos a un año implica una probabilidad de impago del 61 por ciento para diciembre de 2015. Los precios de las permutas muestran una probabilidad de impago del 93 por ciento para 2019. Los bonos venezolanos de referencia con vencimiento en 2027 cayeron durante seis días seguidos, llegando a 43.7 centavos por dólar de valor nominal, el nivel más bajo en 16 años.
“Las perspectivas de Venezuela parecen un desastre”, dijo esta semana Mark Okada, máximo responsable de inversiones de Highland Capital Management.
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