Recientemente en una tertulia decembrina, mientras charlábamos sobre la proximidad de la Navidad y otras nimiedades, saltó el tema favorito de los nicaragüenses: la política. Lo del Canal y Wang Jing fue el primer tema de conversación, pero como no había un solo contertulio que apoyase ese disparate, la conclusión fue que era una megaestafa en la que el Gobierno está coludido hasta los tuétanos. El siguiente tema de conversación fue la noticia de que somos el país más corrupto de América, solo superados por Venezuela. Sobre este tema tampoco hubo que discutir mucho pues entre los asistentes habían comerciantes, profesionales, políticos y todos tenían una mala experiencia con la corrupción de este Gobierno. La conclusión a la que se llegó fue que es erróneo decir que Nicaragua es el país más corrupto, cuando se debería decir que “somos el país con el gobierno más corrupto”, algo que es muy distinto.
Mientras avanzaba la velada, uno de los invitados sugirió que lo que nos faltaba era que Dios escuchara nuestras súplicas y nos permitiera por una vez ser gobernados por un buen presidente. De inmediato el comentario se volvió el tema de conversación. Comenzamos por enumerar las cualidades que nos parecían las adecuadas en un buen presidente: honesto, capaz, inteligente, triunfador en su profesión o quehacer y, sobre todo, sin ningún apego por el erario.
Un diputado opositor asistente al convivio dijo que esos requisitos dejaban fuera a los actuales líderes de la oposición. Las carcajadas que siguieron a dicha aseveración se tomaron como aceptación, por lo que nos dimos a la tarea de auscultar otros nombres. Pero por algún motivo no lográbamos el consenso, hasta que del círculo de las damas una de ellas nos sorprendió proponiendo al presidente de la fundación Coen, y a continuación lanzó la pregunta de si habíamos leído un reportaje que le hiciera LA PRENSA en su suplemento Domingo .
A decir verdad el nombre propuesto por la dama nos dejó a todos viéndonos unos a otros, pues nos sorprendió el hecho que estuviesen pendientes de nuestra plática. Cuando le preguntamos qué cualidades veía en el mencionado, su repuesta no se hizo esperar y sin respirar nos dijo: triunfador en sus negocio, visionario, excelente administrador, filántropo con su propio dinero y no con el ajeno, y con excelentes relaciones internacionales.
La verdad es que tengo que confesar que leí la entrevista que le hicieran a don Piero Coen y pienso que sus argumentaciones y llamados de atención al Gobierno fueron precisos y concisos, criterio con el que por abrumadora mayoría todos los presentes estuvimos de acuerdo.
Independientemente de si existe la posibilidad de ver al presidente de la fundación Coen aspirando por aclamación a la primera magistratura del Estado, soy un firme convencido de que en las próximas elecciones, si las hay, debemos olvidarnos de los políticos profesionales y buscar una persona que su hoja de vida hable por él, que refleje sus éxitos y que su visión de nación sea de una Nicaragua progresista, sin corrupción y en donde todos tengamos cabida y capacidad de progresar de acuerdo con nuestras capacidades y habilidades.
Por lo pronto no tengo el menor inconveniente en admitir que el nombre sugerido por la dama me parece interesantísimo.
El autor fue comandante de la Resistencia nicaragüense.
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