Cuando una pareja se divorcia existen los ex: esposo, esposa, suegros, cuñados, amigos. Pero no existen los ex: hijos, hermanos, padres, abuelos, tíos. No obstante en la realidad y la coyuntura actual existen muchas exparejas que consideran que sus hijos no deben compartir sus acciones de convivencias con su madre o su padre divorciado. Esta acción provoca una reacción de conflicto patológico. ¿Qué hacemos si se hace realidad la peor pesadilla alejarnos injustamente de lo que más amamos: nuestros hijos y enfrentar un destructivo proceso judicial, lento de meses o de varios años, donde se debe poner todo nuestro tiempo, todas nuestras energías, y gastar en abogados hasta el dinero que no se tiene. Y pese a todo esto no se te devuelve a los niños, y por el estrés y el dolor de la injusticia de ver cómo los hijos se mueren en la vida del padre o la madre separado del hijo, se descuidan otras áreas de nuestra existencia.
Muchos sufren depresión, se pierde el trabajo o el negocio, vienen las deudas y al poco tiempo se puede llegar a la ruina. Y nadie da respuestas, ni soluciones. Como muchos padres y madres caen en depresión, se destrozan psíquica, laboral y sobre todo económicamente, es posible que por el daño recibido les lleve años recomponer su situación. Quizás se atrasen o no puedan pagar la pensión alimenticia. Aquí la expareja hace demanda judicial, y además de acusar de que no se paga la pensión porque los hijos no le interesan, agregando otra mentira más ante la justicia (comúnmente aceptada como motivo) para justificar el no dejarlo acercar a los hijos.
Mientras tanto, el padre/madre obstructor ante sus hijos y ante todos, dirá que (padre/madre) abandonó a sus hijos, que es irresponsable, porque no cumple con sus obligaciones. Además, para quedar bien socialmente y adueñarse de los niños y para marginar o eliminar como padre (mamá o papá), puede suceder que use la difamación de la persona del padre/madre divorciado y dé relatos distorsionados de los hechos a familiares, conocidos, amigos del padre/madre, vecinos, autoridades de organizaciones defensoras de los derechos de los niños y adolescentes, la escuela o la universidad, sus abogados, policías, fiscales, pedirá audiencias con los jueces, tráficos de influencias de los poderes, adhesiones y apoyo, asegurando el éxito de su incomprensible fin.
Esta es la realidad de muchos padres y madres víctimas de la obstrucción de vínculos familiares mediante falsas denuncias y aunque no lo crean es “legal”. El origen: mentirle al hijo diciéndole que el otro padre no lo quiere, que lo golpeaba o abusaba psicológicamente de él o de ella, que abandonó el hogar con otra persona, demuestran el grave trastorno que padece. El menor que sufre lo que se conoce como síndrome de alienación parental suele apegarse a la persona más desequilibrada, que es quien le arrebata todas las oportunidades de ser autónomo. El hijo, que es víctima de las manipulaciones del padre o la madre, verá eliminada su propia capacidad crítica, toda su personalidad será erosionada y habrá afectación en el modo de verse a sí mismo y de entender su interacción con los demás.
El juez de la familia gira un oficio para la custodia materna, es una predeterminación social que nos vuelve a encerrar en el destino de madres y solo madres por el incumplimiento de lo establecido en los términos del divorcio. Pero deja heridas que terminan produciendo un daño irreparable al hijo o la hija.
La custodia compartida deja de ser un régimen excepcional. Hay mujeres que dificultan el contacto de los padres con sus hijos como venganza. Los hijos no deberían ser munición de ataque. Los padres tienen el derecho y el deber de ver a sus hijos. La madre que miente siempre tendrá la razón y el padre ya está estigmatizado y condenado a no ver a su hijo. Oh jueces y magistrados de los tribunales de la familia: ustedes son muy competentes, pero ¿cuántos crímenes se cometen a padres y madres inocentes que aman a sus hijos? Los derechos del niño comienzan cuando nace del vientre de su madre. Los hijos no son una mercancía para negociar, tienen sus derechos, no los separen de sus padres que tanto necesitan.
El autor es catedrático universitario y especialista en SAP.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A