Persistencia de amor

Cuando asomo/a tus aguas ya tranquilas...

Cuando asomo
a tus aguas ya tranquilas
entra la congoja
de los días radiantes.
“Todo pasa en la vida”,
conocida reflexión.
También pasa el amor,
aquel que nos devuelve
hacia un cielo sin nubes,
como en lejanos días
cuando dejé mis verdes cerros
y se alejó mi alegría
de quebradas cristalinas
donde mi cuerpo juvenil
tímido a las miradas
presentía vibratorio
tu morenura seductora.
La frase amiga, condiscípula,
abismadas las dos en tu memoria
siempre me lo recuerda:
“Tus ojos se humedecían
en el sortilegio de su nombre”.
Te viví, mi amor, sin poseerte
en precoz y solitaria evocación.
De allí la irónica vivencia.
Mi alma insatisfecha,
a la vez persistente
vivía con tu imagen
remachada en mis pupilas.
Compensé después, en el futuro,
la frustrada ilusión
en aquel calendario
de mis sábados veinteañeros.
Y por fin nos lo dijimos,
ya emparejado el sentimiento
que nos unió hasta el final
y fundió en ardor nuestros cuerpos.
Celebramos entonces
el erótico atractivo
secretamente compartido
y nunca concretado:
el convite imaginario
de manos y besos entrelazados
en aquel cine Margot
donde gozar el otro magisterio:
hombre y mujer
paladeando secreto deseo compartido.
Así te soñé, nos soñamos
entre soles tropicales,
luna y estrellas
de nuestra ciudad inolvidable:
¡Managua, linda Managua!
Y ya una vez alcanzado el Paraíso
Eva y mujer al fin
desquité juvenil febrilidad
cercando tu corazón
para confesarnos la verdad:
vos en mí, yo en vos.
La única realidad.
Y como niña juguetona
te robé al sagrado Magisterio
para gozar en cuerpo y alma
el otro sábado aquel
feliz, compensatorio.
Rara ironía la vida.
La muerte nos unió
por fatídico destino
y fueron tuyos también
mis dos hermosas herencias,
mis dos amados varones
frutos de mi otro loco amor
partido por el rayo de la muerte
y a quienes considero
mis dos mejores poemas.
Libres ya, por tristes circunstancias
Y distintas soledades
la verdad es una sola:
somos dos enamorados.
Y así será siempre mi nostalgia:
Un oleaje permanente
recordando rítmico, sonoro
la carnalidad de tu recuerdo.
Como dijo, en frase fiel, incomparable,
aquel grande poeta:
“Serán cenizas, mas tendrán sentido /
polvo serán, mas polvo enamorado”.

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