Hay un lugar en Oriente llamado Kurdistán. La comunidad internacional repartió el Kurdistán entre Turquía, Irán, Irak y Siria. Dado que el territorio kurdo es fértil, rico, acuoso y lleno de petróleo se dividieron sus tierras, sus valles, sus ríos y sus montañas, lo borraron del mapa, eliminaron su nombre. Pero el Kurdistán existe y está habitado desde hace muchos siglos por el pueblo kurdo, más de 40 millones de personas que Oriente y Occidente intentan ignorar.
Los kurdos (parte de la gran familia de pueblos indoeuropeos) se asentaron en el espacio que actualmente ocupan hacia el 2500 a.C. La población actual asentada en el Kurdistán sería de unos 20 millones como pueblo kurdo. La mayor población se encuentra en Turquía (unos 15 millones de habitantes), país que, por cierto, es uno de los más férreos a la hora de actuar contra este pueblo.
Los kurdos son un pueblo de origen indoeuropeo, de características físicas diferentes a la del resto de la región que es poblada mayormente por árabes. Son en su mayoría blancos y altos, de ojos claros (celestes y verdes) y cabello que va desde el negro y el castaño hasta el rubio. Por su aspecto físico, más parecen europeos del este, que asiáticos. Algunos los identifican con los arios de la mitología germana.
Cuando se hace referencia al pueblo kurdo es importante tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: en primer lugar que representan la más numerosa minoría étnica sin estado del mundo; y en segundo lugar que, como pueblo, llevan décadas sobreviviendo a políticas de exterminio, lo cual hace que la historia de este ancestral pueblo sea la historia de una resistencia.
En el plano económico, el territorio del Kurdistán es una zona rica en recursos naturales, como el agua y el petróleo, madera, zonas de pastoreo y es una de las mayores zonas cerealistas de “Oriente Medio”, además de ser una zona de encuentro entre tres continentes y sus rutas comerciales.
El subsuelo kurdo está considerado como una de las mayores reservas petrolíferas del Medio Oriente: del territorio kurdo de Turquía se extrae la totalidad del petróleo de este país; en la zona de Irak, las reservas representan el 40 por ciento del total de la nación y en Irán son solo el 10 por ciento, pero en esta misma zona se ha localizado una de las principales bolsas de gas natural del país; de la zona kurda de Siria se extrae la totalidad del petróleo nacional.
El más claro ejemplo de represión contra este pueblo se encuentra en la política del estado turco, la cual antes de la lucha armada ha consistido en despoblar las zonas del Kurdistán. Esta estrategia fomenta la inmigración kurda hacia las metrópolis turcas y europeas, después de años de sistemática destrucción de casas y aldeas enteras. Se calcula en cerca de 3,000 las aldeas y pueblos destruidos desde 1984, por lo cual se puede hablar de un etnocidio vigente en el tiempo.
Los turcos esperan impasibles cómo el EI elimina a los kurdos en Kobane, para después intervenir ellos sin kurdos que los molesten con sus ideas de independencia y autonomía.
Saladino, uno de los más grandes gobernantes del mundo islámico, que venció a los Cruzados en la batalla de Hattin, ocupando de nuevo Jerusalén para los musulmanes y tomando Tierra Santa, era kurdo. Su fama trascendió lo temporal y se convirtió en un símbolo de caballerosidad medieval, incluso para sus enemigos. Es una figura muy admirada en la cultura árabe y kurda.
Me refería don Jaime Gurdián Machado (q.e.p.d.) que el apellido Gurdián era kurdo, pues venía de la región armenia, en un momento de la historia, parte del Gran Kurdistán. Así lo manifiesta Pablo R. Bedrossian (escritor argentino) en su artículo: “Las dos historias del apellido Gurdián”.
El autores es abogado
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