En Obrajuelo, comunidad del municipio de San Jorge que pertenece al departamento de Rivas, ocurrió el martes de esta semana una violenta acción de protesta contra el proyecto de construcción del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua.
Es la primera vez que se realiza un acto violento en el curso de las protestas populares contra el Canal. Por fortuna este hecho de violencia no causó daño a ninguna persona, solo a una camioneta en la que se movilizaban empleados de la compañía china HKND, concesionaria del tratado canalero. Pero de todas maneras el incidente es preocupante, habría que verlo como una advertencia de que las protestas contra el Canal, que hasta ahora han sido ejemplarmente cívicas y pacíficas, podrían convertirse en violentas, considerando que muchas personas que participan en las movilizaciones han asegurado estar dispuestas a todo para defender sus propiedades.
Por principios estamos en contra de toda clase de violencia, venga de donde venga. Sabemos que la violencia política y social siempre es provocada por los de arriba y que la violencia de los de abajo es una reacción a los abusos de poder, cuando sus demandas de justicia no son atendidas por quienes tienen la obligación de escucharlas y resolverlas. Sin embargo la violencia siempre tiene consecuencias lamentables y por lo general no resuelve los problemas que la motivan, sino que los empeora.
Mahatma Gandhi, el padre de la independencia de la India reconocido universalmente como apóstol de la resistencia pacífica y la lucha no violenta, razonó su doctrina diciendo: “Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”. Habría que agregar a esta sabia sentencia de Gandhi que tampoco existe causa que justifique agredir de cualquier manera a ningún ser humano. Además, los funcionarios de la empresa HKND y los nicaragüenses que trabajan para el proyecto canalero no son los causantes del problema que amenaza e irrita a los habitantes de las zonas donde supuestamente se cavará la enorme zanja del Canal. Los verdaderos culpables son los concesionarios del proyecto canalero y ante todo los gobernantes de Nicaragua, quienes sin consultar a la ciudadanía, ni tener su aprobación han otorgado a Wang Jing una concesión a todas luces lesiva a la soberanía nacional y la integridad territorial de Nicaragua, que además amenaza a la gente que vive en la ruta del Canal y podría causar daños catastróficos al ecosistema del país.
El 12 de noviembre pasado, en un editorial titulado El Canal y la sinofobia advertimos sobre el peligro de que las airadas muestras de repudio a los chinos durante las protestas contra el Canal, por parte de la gente que teme ser expropiada injustamente y desterrada de sus lugares ancestrales de origen y vida, podría derivar en sinofobia, que es la variante de la xenofobia dirigida específicamente contra las personas chinas por el solo hecho de pertenecer a esa etnia o nación.
Ahora tenemos que advertir sobre el peligro aún mayor de que las protestas contra el Canal deriven en acciones violentas generalizadas, que podrían tener lamentables consecuencias. Pero además la violencia es innecesaria. Para alcanzar el objetivo que se persigue no hay nada más poderoso y eficaz que la movilización masiva y permanente de la gente, de manera cívica y pacífica.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A