Desde mediados de 2013, cuando el Gobierno de Nicaragua otorgó una concesión a Wang Jing para construir un Canal Interoceánico a través de nuestro territorio, he manifestado mi escepticismo acerca de este proyecto. He dejado constancia de mi escepticismo y hasta oposición a este proyecto en las páginas de opinión de LA PRENSA y en repetidas comparecencias en la radio y televisión. He criticado, por ejemplo, el leonino contenido de la concesión que parece más una entrega de nuestra soberanía al estilo de un tratado del siglo XIX que un contrato moderno del siglo XXI. Y he hecho reflexiones sobre la debilidad del promotor y de su contraparte nicaragüense, la Comisión del Canal. Mi conclusión ha sido que la construcción de un Canal Interoceánico a través de Nicaragua es deseable, pero que en este momento y con el elenco de personas que están vinculados a este proyecto, su posibilidad de concretizarse en una obra exitosa es inexistente.
Más recientemente, conocidos míos me han preguntado si sigo siendo escéptico acerca del Canal, sobre todo después de la presentación que hicieron en Managua el 20 de noviembre representantes de HKND, la empresa creada por Wang Jing para realizar la obra. Estas preguntas continuas me han motivado a dejar una constancia más de mi valoración del proyecto Wang Jing.
Primero, a pesar del entusiasmo que el Canal ha despertado entre algunos círculos empresariales y de dudas que personas que consideraba sofisticadas me han externados acerca de mi análisis del Canal —seguramente por la “bulla” que se la ha metido a este proyecto— aclaro que estoy más escéptico que nunca se realizará.
Segundo, durante mis 28 años en el Banco Mundial, evalué a muchos proyectos aunque ninguno de ellos tan ambicioso como este. Y puedo afirmar que el Canal de Nicaragua no reúne ninguno de los requisitos que se requiere para ser exitoso. No cuenta con un promotor experimentado y competente en la realización de grandes obras de infraestructura, ni con una unidad de proyecto nacional fuerte. No tiene una sólida base de ingeniería que asegure su viabilidad técnica ni estudios económicos y financieros que aseguren su rentabilidad. Tampoco tiene un plan de financiamiento que le dé credibilidad ni, hasta la fecha, un confiable estudio de impacto de medioambiente. Todos estos elementos se requieren para que un proyecto tenga posibilidades de ser exitoso. Y hasta la fecha el canal Wang Jing no cuenta con ninguno. ¡Ni uno solo!
Veamos algunos de los defectos que caracterizan al canal Wang Jing. Según lo dicho por miembros de HKND y de la Comisión del Canal el 20 de noviembre, la construcción del canal comenzará a finales de diciembre. Será nuestro regalo de Navidad. Pero esto sería un error en vista de que no se han concluido ninguno de los estudios a que me refiero en el párrafo anterior. Ni se podrán completar a mediados de 2015. En el caso de la ampliación del Canal de Panamá, por ejemplo, a pesar de que la obra es infinitamente más sencilla y costará tan solo US$$ seis mil millones, sus estudios de preinversión tomaron cinco años. Esto es lo normal para minimizar sorpresas. Pretender construir una obra como el canal Wang Jing con estudios hecho a la ligera es irresponsable.
Otra afirmación que tanto Wang Jing como miembros de la Comisión del Canal hacen repetidamente es que el canal se podrá terminar en cinco años. Este es un disparate. De nuevo me remito a la ampliación del Canal de Panamá. Los cálculos más recientes indican que sus nuevas esclusas comenzarán a operar en 2016, ocho años y medio después de que la obra se inició. Y el proyecto más ambicioso chino hasta la fecha, la represa hidroeléctrica de las Tres Gargantas, tomó 17 años completar a pesar de que su costo fue aproximadamente la mitad de lo que Wang Jing dice que costará su canal en Nicaragua. Esto no es ni serio ni creíble.
Continuando con el análisis, los apologistas del canal lo defienden alegando que el crecimiento del comercio internacional justifica un segundo canal a través del istmo centroamericano aún con la ampliación del Canal de Panamá. Mi respuesta es ¿en qué planeta viven? No se han dado cuenta que el mundo todavía no se ha recuperado de la Gran Recesión de 2007 y que grandes “motores” del crecimiento global como la Zona Euro, Japón, Brasil, Rusia y la propia China están coqueteando con estancamiento, están en recesión o están disminuyendo su crecimiento.
Esta realidad ha afectado al comercio mundial. En su Perspectivas Económicas Mundiales de octubre 2014, el Fondo Monetario analiza el impacto de la incertidumbre económica mundial en el crecimiento del comercio mundial y concluye que su tasa de crecimiento ha bajado de un promedio de 6.7 por ciento entre 1996-2005 ha tan solo 3.8 por ciento en 2014. Este bajón se refleja en lo que está pasando con las compañías navieras, muchas de las cuales están perdiendo plata y reduciendo sus flotas. Dicho de otra manera, la hipótesis de que el comercio mundial está creciendo robustamente es sencillamente equivocada.
Podría continuar brindándoles más información, pero creo que con estos ejemplos basta para explicar mi escepticismo. Sé que nos gusta decir que en Nicaragua todo se puede ya que aquí el corcho se hunde y el plomo flota. Pero hay otro dicho que es mucho más poderoso: las realidades se imponen. Y las múltiples debilidades del proyecto y los errores con que se ha manejado el canal Wang Jing son realidades que lo condenarán al fracaso. El autor es un economista de desarrollo y fue Director del Banco Mundial.
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