Los propios guardias de seguridad corren peligro. En agosto, el guardia de seguridad Jonatan Josué Rosales fue asesinado en Guatemala mientras cuidaba de una panadería. LA PRENSA/AP/MOISES CASTILLO

Más vigilancia privada

En la pantalla de la computadora de Alberto Herrera de repente apareció un alerta. Individuos que decían pertenecer al Cártel del Golfo habían detenido unos vehículos que transportaban sustancias químicas por una región del noreste de México donde impera la anarquía. Capturaron a dos conductores de un camión escolta y exigieron que les entregasen el valioso cargamento a cambio de su libertad.

En la pantalla de la computadora de Alberto Herrera de repente apareció un alerta. Individuos que decían pertenecer al Cártel del Golfo habían detenido unos vehículos que transportaban sustancias químicas por una región del noreste de México donde impera la anarquía. Capturaron a dos conductores de un camión escolta y exigieron que les entregasen el valioso cargamento a cambio de su libertad.

[doap_box title=»Falta regular la seguridad privada» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]La proliferación de guardias de seguridad privados puede tener resultados imprevisibles. Es una industria que surgió tan de repente que todavía no está debidamente regulada. La mayoría de estas agencias no tienen licencias formales, por lo que no hay estadísticas confiables sobre la cantidad de muertes y demás delitos en los que se ven envueltos.

Algunos agentes han sido entrenados por excomandos israelíes y cobran sueldos típicos de la clase media por proteger ejecutivos de grandes empresas. Aunque hay casos como el de un policía hondureño jubilado que dijo que le dieron un machete para que vigilase una clínica y ganaba 190 dólares al mes.

Los guardias de seguridad privados de la región tienen más armas en el mundo, diez veces más que los de Europa Occidental, según un estudio del 2011 del Instituto de Graduados de Ginebra. “Guardias privados mal entrenados y que portan pistolas hacen que los tiroteos resulten más peligrosos para los transeúnte inocentes”, afirmó el Departamento de Estado de EE. UU., en 2013 en un informe para el Buró de Seguridad Diplomática.

En Costa Rica el 20 % de las empresas de seguridad privadas fueron investigadas en el 2012 por distintas infracciones. Las autoridades brasileñas dijeron este mes que un guardia privado de 26 años confesó haber matado a 39 personas, muchas de ellas al disparar indiscriminadamente desde su motocicleta por diversión.[/doap_box][doap_box title=»Guardia privada, parte de la vida diaria» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Con sus rifles y sus chalecos a prueba de balas, los guardias privados custodian panaderías y hasta la distribución de colchones, Coca Cola y embutidos.

Pero no son la solución para la delincuencia desenfrenada. Ofrecen protección a los ricos y a sectores de la clase media, dejando a su suerte a la mayoría pobre de la población en una región con la peor disparidad de ingresos del mundo, de acuerdo con el experto en ciencias políticas Rafael Fernández de Castro, coordinador del equipo que produjo el informe de 2013 de las Naciones Unidas sobre la seguridad en América Latina.

Los pobres se las arreglan como pueden: forman organizaciones comunales de vigilancia o le pagan a los maleantes para que no los molesten. “Hay mucha desconfianza en la gente, actúan en forma independiente”, declaró Fernández. “Eso genera un terreno fértil para el crimen organizado”.

La inseguridad es tan prevaleciente que el 13 por ciento de los latinoamericanos (casi 75 millones de personas) siente la necesidad de mudarse para escaparle a la delincuencia, según la ONU.
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Gigantescos monitores de pantalla plana mostraban la ubicación de decenas de vehículos con cargamentos codiciados por los delincuentes: jeans de diseñador, obras de arte y ejecutivos por los que se podría pedir rescate. Las conversaciones telefónicas y el sonido de comunicaciones radiales eran típicos de una oficina policial, pero este era un centro de emergencias de International Private Security (IPS), con sede en México que ha duplicado la cantidad de empleados desde 2009 y cuenta con 4,000 personas, y que ayuda a clientes como PepsiCo, Audi y BP a hacer negocios en regiones azotadas por el crimen organizado.

En el escritorio de Herrera había una línea directa con la policía federal de México, pero tenía orden de este cliente de no usarla. El equipo negociador del cliente se encargó de gestionar la liberación de los conductores y del cargamento. “La gente no siempre confía en la policía”, comentó Herrera.

AL DOS POR UNO

En toda la región, la relación entre guardias privados y policías es muy superior al promedio mundial de dos por uno. En Brasil hay cuatro agentes privados por cada policía, en Guatemala cinco y en Honduras casi siete. “El sector privado debería complementar” a la policía, sostuvo Boris Saavedra, profesor de seguridad nacional del Centro para Estudios de Defensa Hemisféricos, en Washington. “Pero en algunos países no son algo complementario, son el actor principal”.

La falta de fe en la justicia oficial a veces hace que las víctimas tomen la justicia en sus propias manos. Hace varias semanas, algunos individuos trataron de robarle sus pertenencias a un hombre en un atestado autobús de la Ciudad de México. Pero fueron ahuyentados por un pasajero que les disparó con una pistola. Todos escaparon menos dos, uno que fue alcanzado por un disparo y murió en el mismo bus y otro que falleció tras haber huido.

En el centro de Guatemala, una turba mató a golpes a Alfonso Cu tras acusarlo de haber abusado de un niño de tres años en un baño público. “Eso crea un vacío en la identidad del ciudadano, un sentimiento de estar desvalido ante tanta violencia, y ahí se dispara el instinto y no la razón“, expresó el psicólogo guatemalteco Marco Antonio Garavito.

La inoperancia de la policía obedece en parte a la historia de la región. Los agentes generalmente protegen a gobiernos, no a las personas. A medida que se impone la democracia, muchos departamentos de policía no cambian de proceder, aunque hay excepciones como las de Chile, Uruguay y Nicaragua.

Una reforma verdadera de las fuerzas públicas requeriría un cambio de filosofía y de capacitación a largo plazo, y los efectos no se varían por generaciones. Es así que los políticos optan por soluciones rápidas, que pueden tener impacto en el electorado: más gastos en equipo y patrulleros, comentó Gerardo de Lago, director de seguridad de las Laureate International Universities. Esas actitudes no hacen nada por librar a los departamentos policiales de manzanas podridas. “Permanecen los mismos bandidos, con uniformes nuevos”, afirmó de Lago.

4 millones de agentes privados genera la industria de la seguridad privada en la región, donde crece a un ritmo del 9 % anual. Para el 2016 podría mover 30,000 millones de dólares, según proyecciones. El boom se relaciona con el aumento en las tasas de homicidios, secuestros y extorsiones en la región azotada por cárteles y violentas pandillas.

«Si puedes, dales un poquito a los pandilleros y no te van a molestar. Aquí casi todos les dan dinero, esa es la verdad… Tenemos que aprender a vivir así». Josefa Martínez, cuyo barrio, al norte de San Salvador es controlado por la Mara Salvatrucha. En Guatemala, Honduras y El Salvador, las pandillas asesinan, violan y extorsionan a cambio de protección a los comerciantes, que pagan para evitar riesgos.

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