Sergio Ramírez

El mundo de los dos pulgares

Siempre me ha seducido imaginar a un monje medioeval de esos que habían pasado la vida entera copiando libros a mano en el encierro de los conventos, cuando una mañana oye gritar desde la calle que se ha inventado una máquina portentosa para imprimir los libros en decenas de copias; y este viejo monje de mi imaginación piensa, con susto y tristeza, que su antiguo oficio manual ya no servirá de nada en el futuro y, por tanto, solo quedan para él el olvido y la muerte; y cuando la polilla se coma los pergaminos en los que ha trabajado toda su vida, se lo comerá también a él.

Este monje, a lo mejor medio sordo, de modo que el pregón que anunciaba la invención de la imprenta entró apagado a sus oídos, solo tenía una manera de no ser comido por la polilla, y era colgar los hábitos, salir a la calle, buscar uno de los talleres donde se imprimían libros, preguntar, indagar, meterse entre los tipógrafos, aprender a componer planas con los tipos móviles de madera, enterarse de cómo funcionaban las prensas manuales, de cómo trabajaban los encuadernadores. Y aceptar, antes de nada, que el mundo tan antiguo en el que había vivido se hundía para siempre en las tinieblas, y que él, en lugar de quedarse a ciegas, debía asumir como propio el valiente mundo nuevo que se abría ante sus ojos dañados de tanto copiar.

A veces me siento como ese viejo monje, confundido y desorientado en medio de la nutrida selva de invenciones, donde se agrega un nuevo árbol que nace cada noche y a la mañana siguiente ya ha desarrollado su follaje, y donde los libros, que se imprimen digitalmente o se leen en las pantallas, también digitalmente, no son más que uno de esos árboles conectados entre todos por la tecnología cibernética, igual que el cine, la música, la información, el entretenimiento, la vigilancia policial, el agua potable, la electricidad, las compras a domicilio, los juegos, los viajes aéreos, los drones, el funcionamiento de los automóviles, los trenes, los semáforos en las esquinas.

La vida diaria en un solo puño electrónico. Un libro, una tarjeta de crédito, un boleto. Nuestra memoria vive en una nube, es decir, la memoria de la humanidad archivada en la nada virtual. Lo que escribo cada día, lo que invento, lo que medito, es registrado de manera inmaterial, tanto que cuando apago la computadora mis palabras regresan a esa nada virtual, y solo volverán delante de mí cuando yo las convoque. No necesito viajar con ellas; adonde llegue, me estarán esperando para bajar a mí desde la nube.

Todo esto sería demasiado para el monje de mi historia, pero alguien como yo, que empezó tecleando en las máquinas de escribir mecánicas de cinta de seda de dos colores, creció con la radio imaginando a los personajes encarnados en las voces, con los telegramas que se pagaban por palabra, y con los teléfonos de manubrio, debe librar una lucha a brazo partido con ese ángel de la ultra modernidad que cambia en cada momento de figura, y al que si no logro asir en mi abrazo, al rayar el alba se alejará y me dejará derrotado; e igual que Jacob en la historia bíblica debo decirle: no te soltaré si no me bendices.

Si te quedas atrás, si no entras en ese cono de luz, lo que te espera es la oscuridad, y la soledad. No estarás conectado, no podrás comunicarte, no sabrás de qué están hablando los demás, que son en su inmensa mayoría jóvenes. No podrás ni siquiera viajar. Aún me acerco con terror a las máquinas que te dan en los aeropuertos los pases de abordar; de repente hay aún un empleado piadoso que te auxilia, pero pronto desaparecerán. Pronto tampoco habrá nadie en la ventanilla cuando quieras comprar un boleto para entrar al cine.

Alguien de mi generación se quejaba delante de mí hace poco, de lo caótico que es el mundo de las redes sociales. No lo es, le decía yo. Es que lo estás mirando desde fuera. Si vives dentro, si aprendes a conocer bien esas reglas juveniles que lo animan, te vas a dar cuenta de su lógica, de cómo funcionan a cabalidad los códigos de la comunicación que los adolescentes han inventado para nosotros. Tienes que aprender a usar la carita feliz, las abreviaturas, los neologismos que te parecen tan arbitrarios, tienes que aceptar que el idioma es hoy más híbrido y mutable que nunca, tienes que saber usar los dos pulgares para escribir porque se acabó la era de la digitación con los demás dedos. Esta es, provisionalmente, la era de los pulgares, mientras llega la de escribir con el pensamiento.

Quizás siempre hubo un abismo entre generaciones, me dirá mi amigo, esta misma dificultad de acomodo, esta misma preocupación por no quedarse atrás, aislado en el páramo. Soy el primero en aceptarlo, por eso empecé contando la historia de mi monje medioeval con los dedos artríticos manchados de tinta, que oye gritar más allá de los muros de su cárcel cultural que afuera ocurre un cataclismo después del cual el paisaje ya no será nunca el mismo.

Pero este cataclismo que nos toca es el cambio más radical de civilización que ha vivido la humanidad, y apenas empieza. Apenas cimbra con sus primeros movimientos telúricos la tierra. Y si te traga una de las grietas que se abrirán mientras huyes, no volverás a ver la luz del sol jamás.

La vejez es entonces eso, quedarse fuera, no entender que el mundo es otro, y que para vivir en él es necesario adaptarse, como ha sucedido a lo largo de los milenios con todas las especies sobre la faz de la Tierra. Y ahora apago la computadora, y mando estas palabras a la nube que navegaba invisible sobre mi cabeza.

El autor es escritor. San José, Costa Rica, noviembre 2014

Esta es, provisionalmente, la era de los pulgares, mientras llega la de escribir con el pensamiento. La vejez es entonces eso, quedarse fuera, no entender que el mundo es otro, y que para vivir en él es necesario adaptarse, como ha sucedido a lo largo de los milenios con todas las especies sobre la faz de la Tierra.

COMENTARIOS

  1. El articulo es fantastico
    Hace 12 años

    El Articulo es fantástico, de uno de los mas celebres escritores de Nicaragua, Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en Idioma Español, Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, Premio Casa de las Américas de narrativa José María Arguedas Cuba, Premio Alfaguara de Novela.
    Si lo reconoce el mundo entero…. menos la Monina Resentida
    Siga escribiendo asi y recibiendo loas a si excelente labor de escritor.

  2. Jerry Espinoza
    Hace 12 años

    Excelente artículo. Hoy todos sin excepción vivimos atrapados en esa vorágine del cambio tecnológico que no sabemos si son conducirá a una utopía o a un infierno orwelliano.

  3. monina
    Hace 12 años

    yo te apuesto q como vos fuistes «funcionario» del gobierno de nicaragua de la decada de los 80s, te estaran pagando(hasta la fecha) una pension de varios miles de dolares q salen de los impuetos del pueblo nica, pues mientras los ninos pobres piden dinero en los semaforos ahi vos estas sentado sabroso escribiendo ‘cositas’, quien creess q necesitan mas esos impuesto vos o los ninos pobres??? es q no te remuerde la conciencia de ver tanta, pero tanta pobreza en nicaragua?? vergonzoso

  4. monina
    Hace 12 años

    vos sabes porq te recuerdo a vos y a todos los nicas de donde tu vienes, y porq tu le ayudaste a ortega en la decada de los 80s a consolidarse en el poder, confiscando casas y propiedades y ahora vives bien y sabroso, porq lo q tu hiciste en la decada de los 80s contra nicaragua no tiene nombre, porq la pobreza en q nicaragua esta ahora es un crimen, vos tuviste la oportunidad de haber cambiado las cosas en nicaragua pero no hicistes nada bueno, solo chupar de los impuestos del pueblo nica!

    1. Francisco Cordero Gené
      Hace 12 años

      Sergio nos representa a la generación que sufrió el shock del futuro en Centroamérica, al retomar la experiencia de esos monjes copistas para magnificarla con la abigarrada multitud de tecnologías que se atropellan de seguido. Personalmente sigo saboreando la lectura avorazada de libros recién impresos, la más serena de los ya leídos, y sobre todo la picardía y suspicacia de las relecturas de los favoritos. ¡Ni Moninas ni Meninas podrán desdibujar el espíritu universal de Sergio Ramírez Mercado!

  5. monina
    Hace 12 años

    pues el cataclismo y cambio radical q tu hiciste en nicaragua fue ayudar a ortega a consolidarse en el poder, es q no entiendo porq los nicas no nos damos cuenta de vos sos unos de los primero culpables de q nicaragua este navegando en una porqueria de economia, pobreza por todos lodos, desorganizacion gracias a vos, porq vos le ayudaste a ortaga a llegar al poder, y q ahora te pongas a escribir de lo q pica el pollo y decir tremendo escritor, seria ridiculo por no decir otras cosa mas fuerte,

  6. Jaime Pasquier Romero
    Hace 12 años

    Brillante y solo comparable a un articulo, conceptualmente similar, del escritor Eduardo Galeano, el autor de «Las venas abiertas de America Latina»

  7. monina
    Hace 12 años

    vos te pones a escribir ‘cositas’ como si fueras el escritor mas santo, porq no te pones a escribir y decir como ayudaste a ortega a llegar al poder, ahora tenemos pobreza por todos lados, porq no te pones a escribir de como vas a hacer para erradicar tanta pobreza en nicaragua q vos ayudaste a fomentar en la decada de los 80s, ustedes los sandinistas del pasado se aprovechan de q la gente se olvidad de las arbitrariedades q ustedes hicieron en la decada de los 80s, vergonzoso!!

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