Cuando era niño confieso que varias veces fui víctima, por curiosidad o por ingenuidad del juego de la tapita.
En un sitio público, un hombre con mucha labia y fluidez en el parlar, con un juego de manos, tres tapitas y una bolita escondida vendía su habilidad a los curiosos que al final, nunca descubríamos donde estaba la bolita teniendo que pagar el costo del engaño.
Es posible que el juego de la tapita aun subsista en nuestra amplia geografía, porque siempre hay charlatanes y siempre habrá ingenuos.
Ahora se ha multiplicado otro tipo de los charlatanes. Muchos de ellos al amparo y hasta complicidad de estaciones de radio afines al régimen que difunden la capacidad de curar desde un dolor de callo hasta un cáncer terminal usando brebajes, embrujos, amuletos sólidos y líquidos, etc. y cuyos centros se han extendido especialmente en las zonas rurales engañando y abusando de la ingenuidad de nuestra población más pobre.
El Padre salesiano Mario Fajardo, en su libro “Hablemos de Brujería” califica a estos sujetos como charlatanes que inventan cualquier cosa para atraer a las personas a sus centros y que los disfrazan de una aparente religiosidad cristiana, advirtiendo el sacerdote, que el cristianismo es “intolerante a la mezcla de supersticiones y ritos extraños”.
También encontramos otro tipo de charlatanes, especialmente en la economía y la política.
Los primeros prometen crecimientos económicos sostenibles de más del diez por ciento en menos de tres años, reducción de la pobreza en menos de lo que canta un gallo, trabajo para todos, fin de las migraciones, bonanzas, y una especie de Rey Midas de origen chino repartiendo soluciones económicas a diestra y siniestra.
Lo mas grave, es que estos charlatanes que venden ilusiones no solo son los que en lenguaje nica “chupan la teta presupuestaria”, sino que los encontramos en el sector privado haciéndose eco de estos “milagros” y los transmiten como caja de resonancia.
En política los charlatanes abundan más y se autodenominan ungidos, proclamados o investidos por el pueblo que los ama y hasta los idolatra sin percibir que entre el populismo y la tiranía solo hay un paso.
Los hay también en los que dicen ser opositores y proliferan en las etapas preelectorales tratando de convencer de que son los únicos que pueden convocar a “la verdadera unidad”, “la reunificación de los valores dispersos”. “El líder capaz de construir un bloque monolítico que ponga fin a las décadas de atraso, de arbitrariedades y derrotar a los enemigos de la democracia”.
Lo mas grave resulta, que estos charlatanes son recibidos por la población con expectativa, mas que con recelo y los ciudadanos se convocan para escuchar los discursos en medio de un mar de confusiones cuyos componentes van desde la curiosidad, la mística, la necesidad, las frustraciones, el interés económico, o político hasta la ingenuidad.
Así, como el de la tapita esperando descubrir la bolita que nunca aparece porque el charlatán con sus manos y su labia es mas rápido que el ojo y la inocencia e ingenuidad son inherentes a la mayor parte de los seres humanos.
Ante este panorama que vivimos a diario, vale la pena tener presente un proverbio chino: “Cuando me engañaron la primera vez, el culpable fue el que me engañó. Cuando me engañaron la segunda vez, los culpables fuimos el que me engañó y yo, pero cuando me engañaron la tercera vez el único culpable fui yo”.
¿En que etapa estamos nosotros?
El autor es abogado y periodista
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