“Los cazadores atrapan a las liebres con los perros, muchos hombres atrapan a los ignorantes con la adulación” (Plutarco)
La frase que titula este artículo se le atribuye a Luis XIV, “El estado soy yo”, quizás uno de los jefes de Estado más adulados al punto de la idolatría como dijo Isabel de Baviera, su cuñada.
Adular es uno de los vicios más comunes del mundo actual. Es uno de los pecados más viejos de la humanidad.
Para que la adulación tenga efecto se necesitan un adulador y un adulado.
El adulador por lo general tiene el arte de hacerlo y el adulado la ignorancia de dejarse engañar, debido a sus debilidades mentales y espirituales que lo hacen ser un fácil objetivo para el adulador.
Los aduladores son taimados. Saben predecir el efecto de sus palabras y saben disimular quitando y poniendo alabanzas, son astutos y avizorados, de tal manera que el adulado muy raramente detecta que es víctima de la adulación. A como dicen vulgarmente en Nicaragua es hábil para enganchar al otro.
El adulado por otro lado es vanidoso, controlador y ansioso de poder. De esto el adulador es conocedor y taimadamente le saca provecho a su debilidad.
La famosa leyenda griega de Timeo de Tauromenio nos enseña la lección de Damocles, un cortesano, quien era un adulador y envidioso de Dionisio I el viejo soberano de Siracusa, Sicilia. Cuando vio la espada colgando arriba de su cabeza realizó lo que en verdad costaba ser un gobernante. Cambió su actitud nefasta y aprendió que los valores no se sostienen en el poder ni en el tener. Una lección que deberían estudiar muchos de nuestros políticos, profesionales, comerciantes y maestros, estos últimos, para inculcar en nuestra niñez valores que se sostengan en el sacrificio, la disciplina, la eficiencia y la moral.
Y es que la adulación hace un matrimonio perfecto con la envidia, otro odioso vicio bien enraizado en el nicaragüense.
Podrán pasar cientos de partidos y gobernantes con diferentes ideologías en el poder, podrán venir cienes de ayudas de otros países y continentes, podemos hacer cien canales de cincuenta billones cada uno a través de Nicaragua, pero mientras no cambiemos personalmente y no erradiquemos males como la adulación y la envidia de nuestros corazones, no desarrollaremos jamás y nunca dejaremos de ser pobres.
Es urgente empezar ya en las escuelas desde el infantil a señalar lo nocivo que es para la persona, que ya de por sí abunda en genes taimados, adular al que tiene para sacar provecho personal, envidiar al que tiene para quitarle lo que le ha costado.
Desgraciadamente nos gobernamos de esta forma y los que nos gobiernan se ciegan ante el séquito de aduladores que los rodea y que al momento de perder el poder son los primeros en hundirles el cuchillo, pues detrás de todo adulador está un perfecto envidioso. Si no me lo creen revisen cuidadosamente la historia universal.
Repito, solo educando a nuestros niños desde muy temprana edad en contra de este mal es que Nicaragua va a superar su subdesarrollo.
El autor es Médico y Cirujano
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