La paciente que decidió acabar con su vida

Brittany Maynard fue una paciente que decidió pronunciarse públicamente sobre su voluntad de acabar con su vida el pasado 1 de noviembre del 2014. Padecía de un tumor cerebral que fue identificado como “terminal”.

Brittany Maynard fue una paciente que decidió pronunciarse públicamente sobre su voluntad de acabar con su vida el pasado 1 de noviembre del 2014. Padecía de un tumor cerebral que fue identificado como “terminal”.

Ella manifiesta en sus aseveraciones y su vídeo posmuerte en YouTube: “He escogido morir con dignidad de cara a mi enfermedad terminal, este terrible cáncer cerebral que me ha quitado tanto… pero que me hubiera quitado mucho más… no puedo describir el alivio de no morir como me han descrito”.

Este suicidio ha despertado un debate importante en muchos países del mundo, sobre los derechos de las personas con enfermedades terminales, a acabar con su propia vida o a ser asistidos por médicos.

Este sin duda ha sido el artículo que más me ha costado escribir por múltiples razones, pero creo que la primera y más importante es un principio por el cual pretendo vivir y me he esforzado muchos años en cultivarlo y es: No juzgar. Principio que muchas veces me ha llevado a guardar silencio, hasta ahora.

Lo difícil de escribir ha sido cómo pronunciarme sin juzgar una actitud de esta índole. Lo que escribo, lo hago por mis pacientes actuales y futuros, por mis hijos y mi familia, por mis amigos, por la esperanza y por la fe a la vida y a la muerte.

Cuando pienso en este caso, lo único que se me venía a la mente es un dicho que reza algo así: “No se vale decir: no se puede ante lo imposible, mientras otros lo intentan” y continúo pensando: “Mientras otros lo logran”. En otras palabras no se vale estar al lado de la maratón gritándoles a los concursantes que no se puede llegar a la meta, simplemente porque yo no quise o pude hacerlo.

No sé a qué se refería Brittany con un cáncer cerebral terminal, tampoco en cómo le describieron sus médicos o cómo entendió, o quiso entender ella de cómo iba a fallecer. Pero lo que sí sé, es que ella, conscientemente, decidió no seguir luchando en lo que ella creyó que sería su destino.

El destino es algo que los que habitamos esta Tierra desconocemos, predicciones sobre el destino que muchas veces son acertadas, otras veces no. Lo cierto es que la vida tiene un principio y un fin natural, autoinfligirse, este fin es por lo menos algo cuestionable y lamentable para los que nos quedamos en esta Tierra en cualquier sociedad por muy liberal que intente ser. Tal vez es importante entender la muerte natural con el mismo fervor que entendemos el nacer.

Sin duda las enfermedades graves como estas y otras harán o deberían hacer que apreciáramos lo frágil que es la vida, y creo que todo se “vale”, se “vale” porque son decisiones en la perfección del libre albedrío, todo se “vale”, salvo mandar el mensaje científicamente erróneo y desmoralizante a todo el mundo que el destino de nuestras vidas lo dictan unos médicos y que rendirse ante las adversidades es el camino a seguir.

No puedo recordar cuantas veces como neurocirujano oncólogo me equivoqué en intentar predecir quiénes vivirían y quiénes morirían, aun en las peores circunstancias. Me equivoqué tantas veces que he dejado de tratar de predecir lo impredecible.

Lastimosamente los eventos dramáticos y tristes como el de Brittany son mucho más llamativos y comentados que los de júbilo y testimonio que día con día los pacientes que sobreviven a estas u otras enfermedades dan a lo largo de todo el globo terráqueo.

Creo firmemente que el suicidio es el reflejo de alguien que se dio por vencido, solamente. Representa, a su vez, el ejemplo del libre albedrío, y como tal es una decisión personal, tan personal, que el hacer nuestro suicidio globalmente público podría simplemente entrometerse con los derechos de aquellos que nos pronunciamos por la vida.

Hace mucho tiempo un colega me preguntó: “Eduardo, ¿cómo sabes qué pacientes sobrevivirán si no intentas salvarlos a todos?”.

Salvar es una palabra muy amplia —salvar el alma, el espíritu, el cuerpo— pero probablemente representa justo eso que como individuo es difícil encontrar si uno se da por vencido desde el principio y de manera tan absoluta.

El autor es neurocirujano-oncólogo del Centro Internacional de Cáncer del Hospital de Diagnóstico de El Salvador.

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COMENTARIOS

  1. eduardo
    Hace 12 años

    Nunca hay que darce por vencido hay que luchar asta el final .
    Solo dios es el único y tiene
    El derecho de hacerlo.

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