Siempre la maldad es un entorno de la injusticia y la corrupción. Nuestro país arrastra estos designios maléficos dentro del concepto de la politiquería desde antaño como herencia nefasta de la propia idiosincrasia del nica. Naturalmente que ha habido gobiernos y hombres que se distinguieron por su honestidad y rectitud pero son minorías, porque decir político es una definición de malicia, ambición e ineptitud que al final de cuentas los ha convertido en ricos pero despreciables ante la historia.
Por consiguiente tener presente la historia es un deber y necesidad para no repetir lo negativo. Los gobiernos que siguen quieren que no se mencionen los hechos y procurar por todos los medios acallar lo pasado y encubrir con mentiras y falacia. Como lo que estamos viviendo actualmente, que no puede ser de otro modo pues en todos los regímenes dictatoriales, especialmente los de corte comunista que dicen defender al pueblo pero quitándoles todos sus derechos, imponiendo su fuerza y construyendo una maquinaria de injusticia y corrupción en todos los órdenes que produce un servilismo escandaloso para sacar provechos especialmente económicos.
Nicaragua es un país eminentemente agropecuario cuyos grandes productores desde mucho tiempo atrás ha sido un factor sumamente importante en la construcción de nuestro PIB. En los tiempos cuando existía además del banco estatal un banco privado, la mayoría recibía el apoyo del Banco Nacional. Asimismo, en 1956 se instituyó el programa de Crédito Rural para pequeños y medianos productores agrícolas que tuvo un éxito extraordinario habiendo sido apoyado con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con US$$12.5 millones para créditos de mediano y largo plazo, preferentemente para perforación de pozos, riego por gravedad, compra de implementos agrícolas, adquisición de bueyes, carretas, para comprar una vaca lechera para alimentos de los hijos del pequeño productor etc., todo con el ánimo de ayudar al campesinado. En adición a cultivos anuales, la garantía para los créditos de corto plazo era solamente la prenda agraria cuyo contrato no era necesario que lo autenticara algún abogado y la inscripción en el Registro Público costaba únicamente C$$1.00, igual valor para su cancelación y lo más importante era la asistencia técnica que se le brindaba por medio de 248 ingenieros agrónomos diseminados por todas las agencias de Crédito Rural que había en el territorio nacional, contratándose en primer término a los egresados nacionales pero en dos ocasiones se incorporaron dos promociones de egresados del Zamorano.
Todo esto constituyó un éxito que fue destacado por el BID reconociendo al Banco Nacional con su crédito rural como el mejor programa de financiamiento al pequeño agricultor como el mejor de América Latina, lo cual se expuso como ejemplo en un seminario llevado a cabo por dicho banco en Viña del Mar, Chile en 1967, ante 600 delegados de todo el continente y de Europa. Todo esto se vino abajo cuando el gobierno destructor canceló el programa en 1988 y fue cuando surgieron organizaciones como Fama, para darles crédito con altísimos costos y desde entonces el pequeño agricultor no volvió a levantar cabeza, a pesar de ser el que produce los granos básicos. Hace poco me decía un viejo agricultor de Catarina, pues allí existió una Agencia de Crédito Rural, que le hacía una falta enorme el apoyo del Banco Nacional.
Otra de las injusticias es la que se comete con los empleados públicos despedidos, que suman 26,000, a quienes no les pagan sus prestaciones. Eso mismo hicieron en 1979 de lo cual fui testigo pues sufrí en carne propia en el Banco, de manos de Samuel Santos. Pero lo que ha surgido ahora es una corrupción inaudita nunca vista, pues el evidente enriquecimiento de muchos de los grandes es ejemplo para los menores.
Entonces es cuando me atrevo a exclamar: ¡Quién podrá ayudarlos!
El autor es especialista en cooperativismo agrícola. Trabajó en el antiguo Banco Nacional de Nicaragua.
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