La posibilidad de construir o no un canal interoceánico en Nicaragua llama la atención en Costa Rica, sin embargo, esta no proviene del gobierno de Luis Guillermo Solís, que especula sobre eventuales daños a su territorio si se desarrolla el proyecto, sino de inmigrantes nicaragüenses: unos añorando poder trabajar en su terruño en una construcción de esta envergadura y otros; alimentando dudas sobre su posibilidad.
Independiente de cada postura, conversar sobre este tema es recurrente entre una comunidad que adolece los problemas de desempleo que atraviesa Costa Rica, se informa poco y como buen nicaragüense cada discusión está condimentada con pasiones políticas.
“Si hacen el canal me iría a trabajar. ¿A quién no le gustaría estar trabajando en su país?”, se pregunta Marcos Jiménez, mientras hace fila esperando el autobús que lo trasladará fuera de San José a su trabajo como soldador. “Yo también me voy”, repiten sus colegas nicaragüenses de la fila.
Gerardo, otro nicaragüense que no quiso dar su apellido, compra todos los días los pocos diarios de Nicaragua que se venden en el parque de “La Merced”, uno de los puntos de reunión de esta comunidad en San José; en busca de noticias del canal.
Y no es para menos. Al no tener residencia oficial en Costa Rica lleva meses desempleado. Si la construcción de esta obra inicia en diciembre, como lo afirma el gobierno sandinista, se iría a buscar empleo.
“Yo digo que si el canal va a beneficiar a Nicaragua debe hacerse. Mirá como estamos aquí en Costa Rica que la cosa está dura, ya no hay trabajo como antes. Tal vez el daño ambiental y los problemas de tierra no deben ser muchos como dicen. Si la mayoría del país va a tener beneficio creo que debería construirse”, comenta.
A pocos metros de él, en otra de tantas bancas de cemento que hay en este pintoresco parque, Juan Espinoza le advierte a un grupo de amigos que el canal no se hará y todo es parte del engaño del gobierno para mantener la esperanza de sus seguidores.
“Eso es puro engaño, es muy costoso y si se empieza y no se termina, todo ese dinero tenemos que pagar los nicaragüenses”, cuestiona Espinoza.
Son pocos los nicaragüenses que analizan el proyecto más allá de las oportunidades de empleo. Los eventuales daños al medio ambiente o las enormes concesiones a la empresa china del concesionario Wang Jing solo los mencionan algunos nicaragüenses en redes sociales.
Realidad o engaño, el proyecto desempolvado por el gobierno sandinista ha puesto a hablar a cientos o miles de nicaragüenses “expulsados” por la pobreza y el desempleo de Nicaragua.