Ante la introducción por parte de la Bancada del PLI de la ley que deroga el ignominioso tratado o pacto con Wang Jing, conocida formalmente como la Ley 840, ley con la que en resumidas cuentas el Estado de Nicaragua se pone la soga al cuello de no cumplirle a Wang Jing, sin que él contraiga formalmente ninguna obligación de cumplirle al Estado de Nicaragua, el jefe de Bancada del FSLN en la Asamblea Nacional respondió a los periodistas que, de aprobarse dicha iniciativa, habría que pagarle al chino todos los gastos que ha incurrido hasta la fecha.
Quizás, aunque esto no dijo el diputado Edwin Castro, sería mejor que se sigan acumulando las “deudas” que ya tenemos en la cuenta de Wang Jing, para que en el futuro, si no se realiza el megacanal, o si llega un gobierno que tenga decoro nacional y derogue con sus diputados la ley que regala la soberanía nacional a cambio de promesas —a muchos años luz— ese Gobierno tendría que pagar mucho más que el actual. Estamos atados de pies y manos.
Es pues, una “tarjeta de crédito ilimitada”, con vencimiento dentro de 50 años y renovable a 100, la que le otorgaron al afortunado empresario chino.
Si él logra su cometido, es decir, si logra construir el megacanal, aún a costa de las expropiaciones de miles de nicaragüenses, a costa de irreparables daños ambientales a la nación que quedaría partida en dos por una inmensa zanja, y también a costa de la destrucción irreparable de nuestro mayor tesoro natural: el lago Cocibolca, no pasa nada.
Si no lo logra por “culpa” nuestra: él cobra. Pues si va a cobrar Wang Jing, es mejor que cobre antes poco, que después muy caro, en cuyo caso nos defenderemos todos como una sola nación, como en el caso de Colombia.
Se ha dicho a los cuatro vientos que la construcción del Canal comienza en diciembre. ¿Dónde está la maquinaria? ¿dónde están los puertos de “aguas profundas” para recibir la maquinaria? ¿dónde están las carreteras y los puentes requeridos para que la maquinaria pueda ser transportada de un lugar a otro para excavar la zanja? ¿dónde están los empleos? ¿dónde están los chinos que van a operar la maquinaria?
Lo único que hemos visto hasta el momento es a unos chinos con protección policial y militar, midiendo los terrenos y las casas de los que van a ser “afectados” por el Canal, ya sea directamente o por uno de sus múltiples subproyectos: léase campamentos para los trabajadores y maquinaria china que vendrá a construir el Canal.
También hemos visto y con justa razón las protestas espontáneas de los que no quieren ser desarraigados de sus tierras, a ningún costo, porque ni siquiera las tienen en venta.
Quién más se lo puede decir a Ortega y con mayor autoridad moral que Ernesto Cardenal, su exministro de Cultura y un sacerdote revolucionario, tanto así, que el santo (ahora canonizado) papa Juan Pablo II lo regañó públicamente en su primera visita a Nicaragua por mezclar la revolución con la política, al haber aceptado un cargo en el Gobierno en detrimento de su misión pastoral.
Ya se lo dijo el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal el 1 de noviembre en la página de opinión de LA PRENSA (La monstruosidad del Canal), con abundante patriotismo y sin rebuscada poesía. Tan claro fue, que no repetiré, porque lo dicho, dicho está y su peso específico es tanto mayor, en dependencia de la fuente, como cualquier noticia en el periodismo.
Dicho todo lo anterior, con toda la celeridad que en la circunstancia corresponde, la bancada del Frente Sandinista tiene ahora la oportunidad histórica de reivindicarse a tiempo y votar por unanimidad nacional para derogar la ley del Canal, o mejor dicho del empresario chino Wang Jing, antes que el costo de hacerlo sea mucho mayor.
Por el momento, la causa es defendible en cualquier tribunal internacional, con el concurso de los mejores abogados de la nación, los que sin duda alguna y a una voz, sumarían sus esfuerzos, si es que hay rectificación. Más tarde será muy tarde.
El autor es diputado en la Asamblea Nacional de la Bancada PLI.