La bandada de buitres vendepatria que acechan a los amenazados con ser expropiados, no son palomas, así sean “palomas”, y los que marchan en defensa de sus propiedades saben que los quieren desplumar.
Los que estamos en contra de cualquier proyecto que pueda contaminar nuestro maravilloso lago Cocibolca estamos a favor del progreso de Nicaragua y del bienestar de todos.
Debo aclarar que los nicaragüenses sabemos que es de vital importancia tener una vía que una la zona del Atlántico con la del Pacífico. Muchas personas han coincidido que un tren interoceánico sería la mejor solución.
Mi abuelo, Arturo Solórzano Argeñal, ingeniero civil y mecánico con una especialización en construcción de líneas férreas, graduado con honores en una prestigiosa universidad de los Estados Unidos, fue el ingeniero encargado de la localización y construcción del ramal de León a El Sauce del Ferrocarril de Nicaragua. Su muerte inesperada en un accidente no permitió que terminara su trabajo de localización del ramal El Sauce-Estelí y truncó su sueño de llevar el tren hasta Monkey Point.
Mi abuelo fue un hombre estudioso, preparado, responsable y honesto. Su sueño tenía y sigue teniendo vigencia hoy más que nunca cuando don Daniel Ortega, presidente inconstitucional, pretende dinamitar el lecho de nuestro Gran Lago de Nicaragua para hacer un proyecto que destruirá el reservorio más grande de agua dulce que tenemos, con el cuento chino de un Canal Interoceánico que necesariamente atraviese el lago, cuando bien puede ser un canal seco con la construcción de un tren. Este sería un proyecto más amigable con el medioambiente, menos costoso, habría trabajo para los nicaragüenses durante su construcción y después de finalizada.
Felicito a los que están realizando marchas en defensa de sus tierras y sus propiedades por amor a sus familias, por el futuro de sus hijos y de Nicaragua. No me cabe duda que los serviles vendepatria orteguistas tratarán de confundirlos y comprarlos con falsas promesas; de no lograrlo, intentarán atemorizarlos para que desistan, y si tampoco lo logran, utilizarán a los antimotines y al Ejército como fuerzas de choque, sin importar que la tierra se tiña con sangre de hermanos nicaragüenses.
Don Daniel Ortega no quiere entender y aceptar el arraigo y la negativa a ser desplazados de todos los que marchan en defensa de sus propiedades, pues quien se ha enriquecido al amparo del poder y es ahora uno de los hombres más ricos de Latinoamérica, que ha vivido a costillas de los demás casi toda su vida, ha viajado en aviones particulares, ha comido en los mejores restaurantes del mundo y se ha hospedado en hoteles cinco estrellas, protegidos él y su familia por su equipo de seguridad personal, poco entiende de trabajo arduo y honesto y menos le interesa escuchar o saber de las protestas de los que serán desvalijados y se aferran a la tierra que heredaron de sus ancestros, en la que han vivido y trabajado siempre. Su desmesurada codicia dejará en la miseria al pueblo nicaragüense, mientras engaña con regalías de chanchos, vacas, gallinas y láminas de zinc, que no son otra cosa que limosnas para desviar la atención de su enriquecimiento personal.
Los que marchan en defensa de sus propiedades, por la vida y el futuro de ellos y sus familias, no deben olvidar que las hermosas e inmensas playas de nuestro país se han formado de millones de granos de arena que se juntan, y que una ola superficial producida por el viento puede convertirse en una ola gigantesca o tsunami, si existe un movimiento telúrico que la forme. No están solos en su lucha.
Nada está escrito en piedra.
La autora es tecnóloga médica
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