Sergio Boffelli

¿Ganar para perder?

Elecciones a nivel nacional en Estados Unidos culminaron ayer 4 de noviembre para seleccionar candidatos y propuestas a todo nivel. Sin embargo, las contiendas por cargos a gobernadores, senadores y representantes federales estuvieron marcadas por la acidez de los partidos Demócrata y Republicano. Una inversión de más de cuatro mil millones de dólares facilitó el desborde de campañas negativas.

La consulta ha abarcado los 3,144 condados. Para tener idea de su magnitud, el Estado de Florida está compuesto por 67 condados, 282 ciudades, 109 pueblos y 19 villas, además de áreas con otras formas de gobierno. Se disputaron 36 gobernaciones, 21 demócratas y 15 republicanas. Aunque la influencia nacional de los gobernadores es limitada, cada partido quiso enviar un mensaje de poder al contrario.

El duelo fue por los puestos en Washington. De los 435 representantes, los republicanos cuentan con 234 y encuestas sugerían que 200 estaban seguros. Los demócratas tienen 201 y 158 se consideraban firmes. Pero nada aseguraba obtener 218 para mayoría simple, por la presión de los distritos y necesidad de acuerdos con el Senado. Prueba de esto son las más de cincuenta veces que los republicanos fracasaron en revertir la reforma en salud, conocida como Obamacare.

Para una legislación agresiva los republicanos necesitan el Senado. De las 100 curules, 36 estaban en juego, los demócratas han tenido el control con 53. La cifra la completaban dos independientes y 45 republicanos, por lo que estos han requerido 6 nuevos puestos. La estrategia era presentar la elección como referendo sobre el presidente Barack Obama.

Si bien existe inconformidad por la lenta recuperación económica, falta de liderazgo ante China y Rusia, o la precipitada salida de Irak, en los hispanos (que otorgaron 72 por ciento de sus votos en 2012) el malestar también parece radicar en el fracaso de la reforma migratoria, dos mil deportaciones diarias y separación de familias. Se suman los más liberales, que esperaban el fin de las guerras y el cierre de la base en Guantánamo. El error pudo haber sido creer que el malestar necesariamente se traduce en votos en contra.

Hace unos días Jake Sherma en www.politico.com citó al representante Kevin Macarthty (R), quien dijo que para alcanzar la presidencia en 2016 había que lograr el control legislativo y demostrar “que podemos gobernar”. McCarthy lanzó un grito de batalla, pero una victoria ahora podría ser la causa para no ganar la presidencia en 2016. Por el comportamiento de su partido, sería esperar mayor confrontación con la Casa Blanca, que no se cansaría de enrostrar las contradicciones en temas sociales y boicot legislativo de sus adversarios. Esto podría inducir a los demócratas a dejar diferencias y presentar feroz batalla en 2016. Creo que a los del elefante les convenía perder ahora para ganar después.

¿Ha sido decisivo el voto hispano este 4 de noviembre? El académico Kevin Wagnera, la encuesta nacional de la Florida Atlantic University (www.business.fau.edu/bepi) sugería que “a pesar de estar en desacuerdo con Obama, los votantes hispanos no se inclinan a abandonar el partido Demócrata”, porque los republicanos no han hecho “lo suficiente para que los hispanos cambien” de partido.

Según la encuesta, 57 por ciento de los hispanos votarían por los demócratas y 31 por ciento por republicanos, aunque “existe posibilidad de que los partidos obtengan más cantidad de votos si logran contactar a los hispanos…”, según Wagner. El margen de error es 3.4 por ciento más o menos.

A pesar de las intensas campañas, los votos se cuentan bien y los resultados se conocen en horas. Nadie emigra en búsqueda de libertad y seguridad. La democracia es un proceso en todas partes.

El autor es periodista

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