La Asamblea Nacional aprobó el miércoles 29 del recién pasado mes de octubre una declaración contra el embargo económico y comercial de Estados Unidos a Cuba. La declaración fue respaldada por los 64 diputados del FSLN, aliado incondicional del régimen comunista cubano, pero los 21 parlamentarios de la oposición que estaban presentes en la sesión votaron en contra.
Un día antes, la Asamblea General de las Naciones Unidas había aprobado por vigésimo tercer (23) año consecutivo esa misma demanda al gobierno estadounidense. 188 representantes de los gobiernos que forman parte de la ONU votaron en favor de la declaración, con los votos en contra solo de Estados Unidos e Israel, y la abstención de los pequeños Estados insulares de Micronesia, Palau e Islas Marshall.
En la Asamblea Nacional, el líder de la bancada del FSLN acusó a los diputados de la oposición de no ser democráticos, porque la democracia significa acatar la voluntad de la mayoría pero ellos votaron contra una resolución que en la ONU tuvo 188 votos a favor y en Nicaragua fue respaldada por 64 diputados. Pero ese es un concepto estrecho de la democracia, que también significa el derecho de las minorías a disentir de las mayorías y, sobre todo, el de no ser aplastados por quienes son o se erigen en sus representantes. En realidad, la democracia se basa en la voluntad de la mayoría, pero no en su imposición sobre la minoría sino en el diálogo y el consenso para aprobar acuerdos y proyectos de incumbencia común.
De manera que la oposición parlamentaria de Nicaragua tiene derecho de oponerse a la declaración contra el embargo estadounidense a Cuba, si tal es su voluntad. Pero posiblemente la oposición hubiera apoyado esa declaración si se le hubiera introducido el complemento indispensable de demandar al régimen comunista cubano que respete los derechos humanos, que permita la libertad de organización política y la libertad de expresión y de prensa y que realice elecciones libres, limpias y pluralistas.
El embargo económico, financiero y comercial de Estados Unidos a Cuba es básicamente un problema particular de esos dos países, pero ha sido convertido en tema de controversia internacional por razones políticas. Ese embargo fue impuesto por Estados Unidos a Cuba en octubre de 1960, como una represalia a las confiscaciones masivas de propiedades de ciudadanos y compañías estadounidenses por parte del régimen comunista cubano.
Con el tiempo el embargo se fue endureciendo pero del mismo modo en los últimos años se ha venido suavizando. De hecho en la actualidad hay un dinámico y voluminoso intercambio económico, comercial y humano entre ambos países. El embargo se ha convertido más bien en un mito que el régimen de Cuba aprovecha para justificar el rotundo fracaso de su sistema económico comunista.
Lo cierto es que lo que queda del embargo se terminaría pronto y definitivamente si el gobierno de Cuba realmente quisiera que se terminara. Como ha dicho el excongresista estadounidense de origen cubano, Lincoln Díaz Balart, lo único que debe hacer el gobierno cubano es dejar en libertad a todos los presos políticos, legalizar a todos los partidos políticos, permitir la prensa independiente y el funcionamiento de sindicatos obreros libres y convocar a elecciones libres con observación internacional. ¿Por qué no lo hace?
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