He estado conversando con viejos amigos, compañeros desde los años sesenta, guerrilleros que estuvieron “al pie del cañón” por el derrocamiento de la dictadura somocista, quienes con mucha tristeza me dicen: “Diego, están acabando con el sandinismo y cada vez nos discriminan en el partido”. Les digo que no, que el sandinismo como pensamiento político y con su trasfondo de justicia social no desaparece, porque es parte de nuestra historia; si nos referimos al FSLN histórico, que llegó al poder en 1979 con apoyo del pueblo antisomocista, los que han deformado al partido son personas que llegaron a última hora protegidos por la pareja gobernante, que disfrazados de “revolucionarios”, con habilidad oportunista se incrustaron en las estructuras y alrededor del poder, dedicándose a enriquecerse con el cuento de que son los “relevos generacionales”, creando un nepotismo familiar, adueñándose y comprando con centavos la voluntad de algunos para dar la apariencia de que son bases históricas del partido, y son utilizados y hasta chantajeados para que aprueben sus decisiones deformantes.
Los mejores días no quedaron atrás. La historia tal vez no se repita a sí misma, pero la historia es inútil si se usa para sugerir que no puede hacerse algo por la restitución de los derechos históricos. Recordemos que el comandante en jefe, Carlos Fonseca Amador, fue el fundador del FSLN histórico, inspirado en el pensamiento político filosófico liberal (no PLN, ni PLC) y democrático del General de Hombres Libres, Augusto C. Sandino, como movimiento político-militar con estatutos y reglamentos de principios y lealtad, en que se le da importancia a las familias de los caídos y héroes de la lucha antisomocista que mueren en la desgracia. Si recordamos el pasado, el FSLN se dividió en 1975 y en los años noventa, pero actualmente es diferente, se deformó en un partido bipersonal con un coro de personajes que entienden como partido a dos patrones de una finca familiar. Ahora es una estructura electorera con ambiciones de poder por el poder, creando símbolos y cosas raras, lo que se considera un irrespeto a sus verdaderos fundadores. Ciertamente, los perdones, olvidos y las disculpas no resucitan a los muertos, pero pueden tener una poderosa fuerza redentora y abrir nuevos rumbos que trasciendan heridas históricas incurables.
Como ironía de la vida, si no hubiese sido por el sacrificio de los pocos valientes militantes y con autoridad moral del FSLN histórico de los años 60, 77 y 79, que permanecieron en la lucha a muerte y que sufrieron represiones, infiltraciones, delaciones, cárceles, torturas, exilio, clandestinidad y muertos, no estarían en el poder; periodos de sueños e idealismo social que ahora se ve con hasta la perdida de los símbolos y la participación alrededor del poder de sicarios del somocismo, que llaman de “derecha” o con otra verborrea fanática fundamentalista, promoviendo las amenazas de venganzas políticas y pasadas de cuentas (Stalin mando a matar a Troski. Ahora son los sicarios), a quienes no son adláteres de ellos, llamando traidores a los que no comparten el mismo sentido de mafia política-partidaria organizada. ¿Quiénes serían verdaderamente traidores a los principios sandinistas? Los que se han enriquecido a costa del sacrificio del pueblo y alientan la negación al derecho a ser libre pensador que propugne por una verdadera revolución social y moral, que vaya eliminando la injustica, desigualdad y discriminación, ante las involuciones partidarias de enriquecimiento derecha-izquierda millonaria —dizque revolucionaria—, con la cosa pública, que ha agrandado la brecha entre ricos y pobres hasta en el mismo partido de la pareja gubernamental. La verdad debe saberse.
El autor es periodista, cofundador del FSLN.
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