Rosa María Vivas Moncada

Construyendo sociedades justas

La lectura del libro Más allá de la economía verde fue un fascinante descubrimiento. Los planteamientos e innegables cuestionamientos expresados por el autor me han complacido sobremanera. Sus reflexiones, muy bien fundamentadas, de cómo las generaciones del siglo XX y XXI están administrando el mundo y la poca o casi nula conciencia del deterioro inminente de estos recursos hoy más que nunca amerita una urgente atención.

El autor describe incisivamente la forma cómo los países y sus ciudadanos han contribuido a una inminente industria del consumo excesivo y la inmediatez sin considerar siquiera los retos y desafíos que implica la renovación de los recursos. Las economías pujantes que se caracterizan por tener modelos de crecimiento económicos basados en una alta inversión privada, recaudación de impuestos e inversión en bienes públicos aún no conciben que tales modelos son insuficientes si en estos persisten los modelos de desigualdad social, distribución inequitativa de los recursos y democratización de la pobreza.

El autor expresa que los gobiernos y las empresas deben ampliar el concepto de la economía verde para que vaya más allá del aspecto ambiental, es construir una economía incluyente, en que todos los y las ciudadanas y sus comunidades gocen de la plena satisfacción de sus derechos fundamentales, de una vida digna en que el indicador a considerar no sea si es de renta baja, media o alta sino qué tan felices se encuentran y que tanto disfrutan involucrarse con su comunidad.

En los países en los que aún impera un divorcio entre la sociedad y la naturaleza difícilmente se podrán cerrar en el corto, mediano y largo plazo las grandes brechas de inequidad. Cuando no se imponen límites en el consumo y no se crean modelos innovadores para aprovechar los pocos recursos existentes la gran perdedora en esta dinámica de economías irresponsables es la ciudadanía y las siguientes generaciones.

Nicaragua, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), es un país de renta media baja y el más seguro de la región centroamericana, posición que se cuestiona ante la notable crisis de empleos dignos, educación y salud de calidad; políticas para la juventud y el adulto mayor; altos índices de maltrato y violencia hacia la mujer y las niñas; inmigración; entre otros. Ante este escenario y la demanda de la población para alcanzar una vida digna en el corto plazo es que se proponen y hoy se discuten proyectos de gran envergadura como el Gran Canal Interoceánico, al que se le está atribuyendo en el imaginario colectivo como el gran proyecto que sacará a Nicaragua de su postración económica; obviando hasta la fecha la ruta definitiva del mismo y los estudios de factibilidad e impacto ambiental.

Ojalá pronto se tenga la certeza de los impactos sociales, culturales, ambientales y económicos que representará la construcción del gran canal y que la ética imperará en la decisión final de este megaproyecto; decisión basada en el bienestar, respeto al mantenimiento y a la regeneración de los servicios ecosistémicos. Si se obvian estas consideraciones se estará condenando a todo un país y a sus generaciones venideras a un escenario desesperanzador, con la ilusión del país que fue y que ya no será, un país con un enorme potencial que aun con sus recursos monetarios limitados es inmensamente rico por la generosidad y los valores de la gran mayoría de su gente.

La autora es Docente de la Universidad Americana (UAM).

COMENTARIOS

  1. Roger
    Hace 12 años

    Rosa excelente articulo. Menciona el titulo, pero olvido mencionar el nombre de su autor.

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