¿Por qué ha caído la inversión privada fija?

El problema de la sistemática disminución de la inversión privada como fracción del PIB, que incluye tasas negativas de crecimiento durante los últimos siete trimestres consecutivos, no solo estriba en el impacto que esto tiene sobre la coyuntura económica, al afectar la actividad de construcción, sino sobre las fuentes futuras del crecimiento económico.

El problema de la sistemática disminución de la inversión privada como fracción del PIB, que incluye tasas negativas de crecimiento durante los últimos siete trimestres consecutivos, no solo estriba en el impacto que esto tiene sobre la coyuntura económica, al afectar la actividad de construcción, sino sobre las fuentes futuras del crecimiento económico.

En algunos países se separa la inversión privada bruta fija (o formación bruta de capital fijo) en inversión residencial e inversión no residencial porque, a diferencia del resto de la inversión fija privada, la inversión residencial está destinada al consumo directo de los hogares, de los “servicios” prestados por las viviendas construidas.

Por su parte, la inversión privada no residencial está destinada primordialmente a la generación de nuevas capacidades de producción de bienes y servicios orientadas a ser vendidos en el mercado.

A esto último es a lo que se considera, muchas veces, como auténtica inversión en la generación de nuevas capacidades de producción, y es esta inversión la que tiene también capacidad de generar nuevos empleos.

Procurando replicar esta distinción entre inversión residencial y no residencial, hemos dividido el gasto total en construcción privada, en gasto en construcción residencial y no residencial, aplicando al gasto de construcción los porcentajes respectivos al valor bruto de la construcción privada.

Aunque se trata solo de una aproximación imperfecta, quizá puede darnos una idea aproximada de adónde residen los factores inmediatos del derrumbe de la inversión privada fija como porcentaje del PIB.

Por lo pronto, las cifras oficiales muestran que la contracción del gasto de construcción privada entre 2006 y 2013 explica el 63.5 por ciento de la caída del gasto de inversión bruta fija privada, y dentro del gasto de construcción privada, nuestra simulación indica que el 51.4 por ciento en la caída se explicaría por la baja en la construcción residencial.

Por otra parte, si consideramos la clasificación global entre inversión fija residencial y no residencial, que surge de nuestra simulación, encontramos que caída en la inversión total fija no residencial —que es nuestra variable proxi de la inversión destinada a la generación de nuevas capacidades de producción de bienes y servicio orientadas al mercado—, explicaría el 67.3 por ciento de la caída en la inversión privada bruta fija total.

Como quiera que sea, esta tendencia al derrumbe de la generación de nuevas capacidades productivas resulta alarmante.

En primer lugar, el incremento considerable de la inversión privada como porcentaje del PIB sería condición indispensable para lograr los ritmos de crecimiento económico compatibles con el aprovechamiento pleno del bono demográfico y con la posibilidad de arribar a la fase de envejecimiento en mejores condiciones. El incremento significativo de la tasa de inversión también resulta condición indispensable para el incremento sistemático de la productividad media del trabajo y la generación predominante de empleos de cada vez mayor calidad y remuneración, a lo largo de las próximas décadas.

El proceso de transformación estructural de la economía, y su diversificación hacia actividades de mayor complejidad tecnológica y dinamismo de la demanda, tiene como requisito el que se incremente de manera significativa la inversión privada en relación con el PIB, mediante un esfuerzo coordinado de múltiples actores en dirección a desarrollar ventajas comparativas dinámicas.

El notorio incremento de la Inversión Extranjera Directa en sectores como la minería, zonas francas y turismo, no ha logrado contrarrestar la caída de la inversión privada total. Su principal resultado ha sido cambiar la composición interna de la inversión bruta privada: mientras la inversión privada doméstica se redujo del 20.7 por ciento del PIB en 2007 al 7.7 en 2013, la Inversión Extranjera se incrementó del 5.3 por ciento del PIB en 2007 al 8.5 en 2013.

(*)Economista

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