Es lógico, la gente quiere más mercado natural que, después de todo, no es lo que la izquierda dice —un ámbito de egocentrismo— ni se corresponde con la imagen que ha establecido cierta derecha —una zona “resguardada” por el gobierno para garantizar la propiedad y privilegios de los empresarios “serios”, amigos— sino que es la gente interactuando voluntaria y pacíficamente, para el progreso de cada uno, sin la malsana interferencia del poder coactivo del Estado. Hoy, los ciudadanos, necesitados de expresarse sin tener en cuenta al Gobierno, han convertido a las redes sociales en el espacio preferido de la política.
Las acciones brasileras subían el día después de conocerse el buen desempeño electoral del candidato presidencial pro mercado Aécio Neves. El índice Bovespa trepaba 7.5 por ciento y el real brasileño se fortalecía 2.3 por ciento. Por el contrario, anteriormente cuanto más subía en las encuestas la actual presidenta más se derrumbaban la Bolsa que en los últimos treinta días perdió 21 por ciento en dólares. Y es previsible que los mercados se mantengan inestables hasta tanto se conozca el resultado final o bajen después de que lean esta columna
Aécio es heredero de Fernando Henrique Cardoso que, sin ser muy bueno, lideró uno de los mejores —o menos peores— gobiernos que tuvo Brasil. Continuó la apertura y desregulación económica iniciada por Fernando Collor de Mello y, entre 1991 y 2001, y el Estado recaudó US$$103,300 millones por la privatización de empresas públicas atrayendo fuertes inversiones, aunque la deuda del Estado pasó de 14 por ciento del PIB en 1994 al 55.5 por ciento en 2000. Luego vino Lula da Silva y, básicamente, conservó la política económica pero aumentó el gasto “social” y Brasil creció y estableció un liderazgo en el mundo gracias a las bases sentadas por Cardoso.
Creídos los brasileros de que la política “social” de Lula era exitosa la profundizaron con Dilma Rousseff y el país, la séptima economía global, ha tenido un decepcionante crecimiento menor al 2 por ciento anual promedio en 2011-2013. Los inversores culpan a las políticas de izquierda de Rousseff —que incluyen subsidios a los combustibles, una opresiva política tributaria y un mayor gasto gubernamental— por la recesión, la alta inflación y por desalentar las inversiones.
Dilma obtuvo casi 42 por ciento de los votos en las recientes elecciones, quedando segundo el socialdemócrata Aécio Neves, con 34 por ciento, y tercero la ecologista Marina Silva, con 21 por ciento. De modo que se realizará una segunda vuelta, el 26 de octubre, entre la actual presidenta y Neves. Y lo cierto es que, aun con el apoyo de Silva a Neves y que las encuestas señalan que el 80 por ciento de los brasileños quiere un cambio, Dilma será reelecta y no solo porque promete poner un ministro de economía más promercado, como los empresarios Abilio Diniz, Josué Gomes da Silva, o Fabio Barbosa. Sucede que las personas —a pesar del discurso frente a los encuestadores— son conservadoras y, además, los políticos que ocupan cargos en el gobierno utilizan el poderoso aparato estatal para publicitarse. Y los mejores especialistas coinciden en que existe una relación directa entre la cantidad de votos y la cantidad de propaganda, de modo que, en principio, siempre gana quien tiene más publicidad. De hecho, según los principales científicos políticos como Steven Rosenstone, de la Universidad de Michigan, el 97 por ciento de las veces gana una elección quien va por la reelección.
El autor es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
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