A Juan Bautista Arríen le preocupaba que los niños no pudieran gozar de una educación de calidad en la escuela. De hecho, él consideraba que los Objetivos de Desarrollo del Milenio —que retan a los países a universalizar la educación primaria al 2015— debían lograrse con calidad.
Este legado ya motivó a los organismos de la sociedad civil como el Foro Educación y Desarrollo Humano (FEDH) y el Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana (Ideuca) para que el legado de Arríen “no quede en el olvido”.
Aunque por ahora la iniciativa está en planes, los promotores de la educación a través de correos electrónicos coordinan la realización de una actividad que destaque a Arríen como un ejemplo a seguir en materia escolar y humana. La misma se prevé realizar a finales de este año.
Arríen falleció en agosto pasado luego de batallar contra un cáncer y desde que llegó al país, hace 58 años, dejó huellas por donde pasó, reconocen especialistas en Educación como Jorge Mendoza, del FEDH y Mario Quintana.
Rafael Lucio Gil, del Ideuca y miembro de la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN), considera que el aporte de Arríen “no debe quedar en el olvido”.
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