Durante mi experiencia profesional he podido verificar cómo los pósteres y declaraciones de políticas corporativas, así como los enunciados de misión y visión en ciertas empresas, son con frecuencia solamente un trabajo de maquillaje corporativo, de puro protocolo empresarial; con las naturales excepciones de organizaciones que sí sudan la camiseta en honrar sus principios.
Uno va por algunas organizaciones y lee las declaraciones de los valores corporativos y no pocas veces contrastan gravemente con la realidad. Hay compañías, cuyos procesos operacionales revisten alto riesgo de percances, en donde la seguridad operacional ni siquiera está contemplada en estas manifestaciones de valores, frecuentemente altisonantes, pero al fin y al cabo, simples productos de una sobredosis de relaciones públicas o de extraviados consejos superficiales, sobre todo para las empresas de alta confiabilidad operativa. Recomiendo a los ejecutivos y profesionales, dentro de las empresas, que puedan ser analíticos y críticos con estas declaraciones de principios, viendo no solamente lo que pueda aguantar el papel —que no es poco— sino también determinando cuáles deberían ser las vivencias o las conductas corporativas y más específicamente los comportamientos personales, que como ejemplo a seguir deban modelar los gerentes a los colaboradores para hacer de la seguridad operacional, o de cualquier valor corporativo, la norma esperada de actuación. Estos ejemplos y expectativas también deben ser desarrollados para el resto del personal en todos los estratos organizacionales.
No estoy en el negocio de criticar a las empresas ni a sus ejecutivos, todo lo contrario, de ayudar a identificar estas incongruencias que les impiden ganar dinero por la eliminación sistemática de ineficiencias al dedicarse a la correcta gestión de la seguridad operacional. Siendo así, es importante hacer un alineamiento cultural para las partes interesadas de la organización, para que este valor sea una forma natural de conducta, por tanto se debe someter a análisis cuáles elementos se declaran y proclaman ser verdaderos principios rectores corporativos, los cuales por naturaleza no deberían cambiar ante las circunstancias, tampoco negociarse, relativizarlos o mudar su esencia.
También se debe estar claro de cuáles aspectos se identifican como prioridades, y como tales, que sí estarán eventualmente sujetas a variar de importancia relativa ante las circunstancias y hacer una clara diferenciación para no confundir valores con prioridades. Cuando usted dice que la seguridad operacional es su prioridad, desde ese momento usted está relegándola a un concepto variante, por lo cual usted debe evitar esa frase superficial y equivocada. Las prioridades, al contrario de los valores, son las cosas que pueden hacerse si acaso hay oportunidad; estas pueden cambiar, naturalmente, a lo largo del tiempo, puesto que son situacionales.
La seguridad operacional debe ser un valor empresarial inmutable, una visión que no debería cambiar no importando cuál sea la recompensa económica que trae aparejada, si para conseguir esos beneficios se deba sacrificar la integridad física del personal. Frecuentemente los llamados valores o principios morales de las empresas carecen, como dije, de una verdadera expresión vivencial. Es decir, no tienen normas de conducta ejemplificadas o asociadas a cada uno, para que los ejecutivos y el personal en general puedan ponerlas en práctica. Las organizaciones más exitosas tienen catálogos de conductas esperadas por todo el personal, independientemente del nivel o escalafón donde estas trabajen, puesto que ven la seguridad operacional como un valor, una norma de actuación invariable y nunca como una cambiante prioridad.
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