El campo nacional de desfiles de Venezuela en la base militar de Fuerte Tiuna presenta una escena con la que los civiles locales solo pueden soñar: puestos llenos de productos y ninguna fila de personas que esperan.
Los bienes que ofrece el mercado, de carne subsidiada a cochecitos para bebés, además de préstamos, autos nuevos y apartamentos son beneficios que se les brinda a las fuerzas armadas en momentos en que la economía se contrae, la pobreza crece y la popularidad del presidente Nicolás Maduro cae a un mínimo récord.
Estos privilegios aseguran la lealtad de los militares, mientras que alejan las reservas de los pobres, cuyos salarios han quedado por debajo de la inflación, según los analistas, los activistas y los académicos.
Desde que Maduro llegó al poder hace 17 meses, las fuerzas armadas crearon su propio canal de televisión, programa de viviendas y banco —el único que es de propiedad militar fuera de Irán y Vietnam—. Un tercio de los 28 ministros de Venezuela y la mitad de los gobernadores de Estados ahora son oficiales en actividad o retirados, en su mayoría compañeros del excomandante de paracaidistas y extinto presidente Hugo Chávez.
“Los militares siguen siendo el único elemento que garantiza la estabilidad política del débil gobierno de Maduro”, dijo telefónicamente desde Londres Diego Moya-Ocampos, analista de la consultora IHS Country Risk.
«Por ser un extraño, (Nicolás) Maduro tuvo que dar a los generales un papel más importante en la administración del país para mantenerlos a bordo. Ha militarizado la política». Diego Moya-Ocampos.
COLAS Y AUTOS NUEVOS
El personal militar no tiene que vérselas con el caos económico del resto del país. Los 43 camiones y tiendas que había el 22 de agosto en el mercado de la base militar estaban cargados de leche, aceite comestible y detergente subsidiados, artículos que se han agotado en la mayoría de los comercios.
La gente hace cola durante horas frente a los supermercados estatales para comprar artículos básicos regulados, de lo contrario tiene que pagar tres veces más a los vendedores callejeros. Uno de cada cuatro productos básicos estuvo agotado en determinado momento en enero, el último mes del que se tienen cifras.
“Las colas para conseguir alimentos son parte de nuestra vida diaria”, dijo Douglas Romero, de 45 años, quien maneja una motocicleta taxi en Caracas. “Paso tanto tiempo esperando que termino haciéndome amigo de los otros que están en la fila”.
En el Fuerte Tiuna, al sur de Caracas, cientos de autos chinos nuevos relucían en las playas de estacionamiento, después de que el ministro de Defensa, Diego Molero, prometiera en mayo del año pasado que compraría veinte mil autos para las fuerzas armadas.
Esto contrasta con los ocho autos nuevos importados en agosto a este país de 29 millones de habitantes, según la Cámara Automotor de Venezuela, que excluye a las automotrices chinas. Se importaron pocos autos chinos fuera de los programas del Gobierno, señaló Raúl Álvarez, consultor de la industria automovilística de Caracas.
INTENTOS DE GOLPE
La economía se contrajo 2.1 por ciento en el segundo trimestre, según la mediana de estimaciones de cinco economistas que participaron en una encuesta de Bloomberg.
“Conforme la situación económica se siga deteriorando, también lo hará la situación política y de seguridad y las fuerzas armadas serán clave para decidir el resultado”, indicó Moya-Ocampos.
Venezuela ha sido testigo de nueve importantes intentos de golpes de Estado en el último siglo, incluido el esfuerzo fallido de Chávez en 1992 y el que sufrió él en 2002, según Daniel Hellinger, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Webster de St. Louis, Missouri.
La popularidad de Maduro está cayendo. El índice de aprobación del presidente cayó a un mínimo récord de 39 por ciento en agosto, mientras que en diciembre era del sesenta por ciento, según la encuestadora Hinterlaces de Caracas.
“Hay un costo político que Maduro tendrá que pagar por dar prioridad a los soldados por sobre los barrios pobres”, dijo telefónicamente Hugo Pérez Hernaiz, profesor de Sociología de la Universidad Central de Venezuela en Caracas. “La magnitud de ese costo se verá en las próximas elecciones”.
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