Millones de personas que en la última década elevaron su renta, dispararon el consumo y hoy son mayoría: es la codiciada clase media brasileña, que llega a las elecciones de mañana con su voto dividido entre la gratitud y el cambio.
Brasil, con más de 200 millones de habitantes, decidirá entre la reelección de la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores; la ecologista Marina Silva, quien representa al Partido Socialista Brasileño (centro-izquierda) y Aecio Neves, del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), también de centro-izquierda. Los tres entre un total de 11 candidatos presidenciales.
Las vitrinas de un lustroso centro comercial en la periferia de Sao Paulo brillan para estos nuevos consumidores, que crecieron al alero de políticas sociales y de distribución de renta impulsadas desde 2003 por Luiz Inácio Lula da Silva y continuadas por la presidenta Rousseff. Gracias a esto, más de 40 millones de personas salieron de la pobreza y engrosaron las filas de la clase media.
Invitados en 1973 por el Instituto de Estadística a definir su color, los brasileños entregaron 136 respuestas: “gris oscuro“, “blanco sucio“, “café“, “miel“, “bronceado playa“, “tostado“, “mitad negro”. “La estrategia del colonizador ha sido la de hacer negar al negro su propia identidad y de que tenga vergüenza de ella”, analiza David Santos. “El voto negro existe en Brasil pero es difuso, en construcción”.[/doap_box]
Hoy, la denominada “clase C” tiene más de 100 millones de personas, la mitad de la población de Brasil, y es el segmento más disputado por Rousseff y su principal rival para las elecciones generales del 5 de octubre, la ecologista Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB). “Es impresionante cómo Lula mejoró nuestra vida. Tenemos acceso a más cosas, mucho más poder de compra. Antes, las familias tenían el mismo auto por 20 años; ahora uno de cinco nos parece viejo”, declaró a la AFP Daniel Alves, de 33 años, un trabajador bancario que pasea por el lustroso centro comercial Itaquera.
Construido en 2007, el “shopping” da muestra de los sectores que dispararon sus ventas en esta década: tiendas de electrodomésticos, ropa, zapatos y belleza, de joyas, agencias de viajes e inmobiliarias. En este paraíso del crédito todas las tiendas ofrecen sus productos en innumerables cuotas.
“Tenemos que pensar si vamos a votar para consolidar lo conquistado y avanzar o tener un retroceso. ¿Vamos a votar en quien tiene experiencia de Gobierno o voy a votar en una aventura?” Dilma Rousseff, en un discurso el 30 de septiembre.
UN VOTO PRAGMÁTICO
Según la consultora especializada Data Popular, las familias de la clase C tienen una renta mensual de entre 780 y 1,400 dólares. Y son más de 60 por ciento del electorado, de acuerdo con Datafolha.
“Es un segmento que tuvo acceso a bienes de consumo y a educación, que mejoró su vida y que ha seguido mejorando hasta por lo menos el inicio del gobierno de Dilma” en 2011, declaró a la AFP Mauro Paulino, director de la encuestadora Datafolha. “Pero ahora ve que esa mejora no continúa y está dividido entre la gratitud a Lula y el deseo de subir otro peldaño. Y esa duda se manifiesta también en el voto”.
La clase media demanda sobre todo más y mejores servicios públicos, en un eco de las masivas protestas callejeras de 2013, que exigían mejor salud, educación o transporte.
La dueña de casa Cida Alves, de 46 años y vecina de Itaquera, lo plantea: “Nuestra vida mejoró, claro que sí, pero por ejemplo la salud pública es terrible, nunca hay atención rápida”. Esta mujer, sin embargo, cree que “el PT merece otra oportunidad”.
“Yo siempre voté por Lula y el PT, pero en esta elección voy por Marina. Brasil tiene que recuperar el crecimiento y atraer inversiones. Necesita un cambio”, planteó el bancario Daniel Alves.
Silva agita la bandera de la renovación política y del crecimiento de la estancada economía, actualmente en recesión y con la inflación al alza. Quiere el voto de aquellos que sienten que peligra la comodidad que lograron en esta década. Por su parte Rousseff asegura que, de no ganar, todo lo avanzado se perderá.
“Pero la clase C no tiene un voto ideológico, sino que es muy pragmática. Hay gente mayor que tiene gratitud, pero los más jóvenes no tienen esa memoria histórica, no saben lo que era Brasil antes”, asegura a la AFP Renato Meirelles, presidente de Data Popular.
VARIOS FACTORES
Diversos factores explican el crecimiento de la clase media durante la última década: expansión del empleo formal, ingreso de las mujeres al mundo del trabajo y aumento de la renta familiar. También políticas sociales como Bolsa Familia, con pagos a las familias más pobres a cambio de que sus hijos asistan a la escuela, o el programa de viviendas populares Mi Casa Mi Vida.
La clase media, además, no es homogénea y escapa de categorías salariales. “Los padrones de inclusión social son mucho más amplios: por ejemplo, existen familias que por primera vez accedieron a educación superior a través de programas sociales o a vacaciones”, dice Marco Antonio Teixeira, profesor de Ciencia Política de la Fundación Getulio Vargas. Por eso, en esta expansión fue clave el acceso al crédito, que permitió “estirar” el salario. Hoy, sin embargo, con la economía estancada y las familias más endeudadas, esto no parece suficiente para conquistar su voto.
“Si logra llegar a la segunda vuelta y destaca finalmente el hecho de ser negra y mujer, los dos componentes más discriminados de la población, tendrá su chance. De otra manera, imposible”. Helio Santos, profesor y activista negro.
LAS PROPUESTAS
Respecto a los desafíos económicos, Rousseff, cuyo gobierno ha sido criticado por cuatro años de magro crecimiento económico y por dejar que la inflación sobrepase el límite de tolerancia oficial de 6.5 por ciento, promete una reforma tributaria y un nuevo equipo económico.
Silva también promete una reforma tributaria, defiende el mantenimiento de las conquistas sociales del PT y un retorno a una gestión económica más ortodoxa y menos intervencionista. Por su parte, Neves promete una política austera para poder llevar la inflación al 4.5 por ciento, aunque asegura que no será de un día para otro. Quiere una reforma tributaria, autonomía para el Banco Central y recuperar la confianza de los inversores en Brasil.
En el tema de la corrupción y la política, la actual mandataria se compromete a endurecer las leyes anticorrupción, entre ellas sancionar a quienes no declaren sus recursos a los órganos de fiscalización o a quienes se enriquezcan ilícitamente desde cargos públicos y promueve una consulta popular para una reforma política.
Silva está a favor de la no reelección inmediata y de alargar el mandato presidencial de cuatro a cinco años, para lo cual debe modificarse la Constitución. Quiere reducir el número de ministerios (39 actualmente). Neves también planea reducir los ministerios y eliminar la influencia política en los contratos con el Estado, y propone el fin de la reelección presidencial y fortalecer los partidos políticos, que deberán obtener un mínimo de 5 por ciento de los votos para garantizar su existencia.
Sobre la legalización de la marihuana, Rousseff y Silva están en contra, solo que la ecologista permitiría un plebiscito. Neves es prudente, quiere estudiar experiencias como la uruguaya.
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