FOTOS: LA PRENSA/ M. VALENZUELA

Visiones de la danza

Desde que 52 bailarines egresaron de la genuina Escuela Nacional de Danza, surgida dentro de la enorme proliferación cultural que promovió la Revolución Popular Sandinista en 1979, hasta la actualidad, no se había visto en el panorama de la danza en Nicaragua una graduación con todo el rigor profesional como la promoción 2014 de la Academia Nicaragüense de la Danza.

Desde que 52 bailarines egresaron de la genuina Escuela Nacional de Danza, surgida dentro de la enorme proliferación cultural que promovió la Revolución Popular Sandinista en 1979, hasta la actualidad, no se había visto en el panorama de la danza en Nicaragua una graduación con todo el rigor profesional como la promoción 2014 de la Academia Nicaragüense de la Danza.

[doap_box title=»MOVIMIENTOS CORPORALES» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]A simismo, la de improvisación interpretada por Jacqueline y Freddy que, con un acertado uso de movimientos corporales, desmitifica y distancia al bailarín que interpreta y piensa, con el simple ejecutante de movimientos, desde una sencilla propuesta lúdica. En tanto, Álvaro y Heiner, con la técnica del Flying Low, desencadenan un torbellino de movimientos y gravedad, un estado constante de interiorización y a la vez de excitación del cuerpo y su conexión con el piso, con la tierra, influencia o vivencia a lo capoeira, en el que se acentúa la rapidez física y el eje corporal, combinado con el estilo sobrio, enérgico y espectante, que solo el magistral bailarín finlandés Alpho puede lograr.[/doap_box][doap_box title=»MINIMAL» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]La técnica Limón fue ejecutada diáfanamente por Georgina,
Hellen y Karen, la impetuosa y enigmática danza Butoh que aborda Nahomi y Gerardo, se transmutan en seres kabukianos, resultando una combinación
deliberadamente expresionista, donde el cuerpo mismo habla por sí solo con un derroche de movimientos minimalistas, donde la experimentación del teatro Kabuki ejerce una influencia
determinante.[/doap_box]

Aquellos 52 graduados de los años ochenta, tiempo en que funcionó esa magistral escuela, iniciaron el camino de la danza moderna y contemporánea en Nicaragua, que hoy se ve continuado. Un equipo de expertos nacionales e internacionales logró estructurar un pensum académico serio, respaldado por estudios y diagnósticos socioculturales.

Los planes de estudio estaban sustentados por una visión integral para la formación, no solo vista como simples clases de entrenamiento para mantener la salud física y mental. Fue una escuela en la que la ética y la estética se convirtieron en un binomio inseparable. Se formaban bailarines con una visión clara de su perfil, creadores pensantes, maestros formados y formadores. La técnica moderna, el ballet, el folclor nacional, el folclor latinoamericano, la música, la acrobacia, la composición coreográfica, la historia del arte, la pedagogía, la didáctica y la historia se complementaban mutuamente para formar verdaderos creadores, seres con mística y pasión por su oficio y profesión.

LOS NOVENTA

Desde los inicios de la década de los noventa se marcó un cambio en la actividad cultural y artística en general. Se impuso un nuevo esquema de pensamiento oficial-liberal, según el cual, la cultura no era importante ni rentable, por lo tanto esto representaba un gasto y no una inversión. Ello obligó a las agrupaciones danzarias y artísticas en general a implementar un nuevo modelo basado en la autogestión, con un escaso apoyo de la empresa privada, una acertada subvención de organismos internacionales y la ausencia casi total del Estado, lo que produjo un sensible decrecimiento de la actividad artística en Nicaragua. Desde 1990 la actividad danzaria en general (formación, creación y promoción) ha sido alimentada por la voluntad y audacia individual y colectiva de los artistas.

LA ACADEMIA

La urgente necesidad de sobrevivencia obligó a los artistas a procurar trabajos de distinta índole, entre ellos, muchos de los bailarines egresados de esa primera gran escuela, encontraron oportunidades de trabajo en los recién inaugurados gimnasios o estudios de danza, obligándose a reproducir nuevos estilos y ritmos producto de un boom internacional como el jazz, el breake dance, el hip hop, entre otros, y aprender los infaltables métodos aeróbicos que en la mayoría de los casos fue desmejorando las condiciones físicas de nuestras grandes figuras de la danza, sacrificando su cuerpo y su talento.

En este contexto aparece la Academia Nicaragüense de la Danza, institución surgida como una prioridad de la recién creada Asociación de Artistas de la Danza, tratando de recuperar un espacio para la formación de bailarines, sin embargo, en alguna medida, también fue atrapada por el boom de los nuevos ritmos y poco a poco, con un concepto más amplio, ha ido salvando escollos, posicionándose de un nombre y una imagen, sustentada por un equipo docente que, del desencanto pasó a la valentía de llevar un proyecto de tanta envergadura como este.

LAS LIMITACIONES

Han sido muchos años de sortear las desavenencias impuestas en ocasiones por las limitaciones económicas, y otras por incomprensiones.

Hoy, observamos una nueva perspectiva, la deuda de la formación ha sido saldada. Sin dar concesiones se ha adelantado a otros estudios y academias que se han quedado en el camino sin dar muestras de cambio.

Trece bailarines han asaltado, desde antes de graduarse, los escenarios de Nicaragua y fuera de sus fronteras. Una nueva tropa de bailarines viene a revitalizar el movimiento danzario, fieles continuadores de la prestigiada enseñanza danzaria de los años ochenta, gracias a sus maestros y autoridades administrativas audaces, tenaces e indomables, que finalmente ven sus frutos después de 25 años de batallar para lograr un programa sólido y coherente que puede ampliarse para más años de carrera y otras materias que amplíen la formación integral, imitando la Escuela de la Revolución.

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