El Gobierno de Venezuela calificó ayer de “macabra encomienda” los asesinatos del diputado oficialista Robert Serra, de 27 años (el más joven en la historia de la Asamblea Nacional), y su compañera María Herrera, la noche del miércoles en circunstancias no aclaradas, dentro de su casa, en Caracas, azotada por la violencia.
“Inferimos que no se trata de un hecho azaroso. Estamos en presencia de un homicidio intencional, planificado, ejecutado con gran precisión (…). Sin duda su muerte obedeció a una macabra encomienda”, explicó en rueda de prensa el ministro del Interior y Justicia, Miguel Rodríguez.
“La comisión del hecho se desarrolla en un tiempo entre 15 y 20 minutos y utilizando un arma de tipo punzo penetrante (…). En el corto plazo la Fiscalía dará con los autores materiales e intelectuales”, agregó al pedir a la oposición no convertir el crimen “en un show mediático”.
Un “dolor inmenso nos invade con el asesinato de Robert Serra, líder bolivariano y chavista, que Dios te eleve a su Gloria”, manifestó el presidente Nicolás Maduro en Twitter, en la madrugada. El líder opositor Henrique Capriles expresó en la red social: “La muerte de cualquier venezolano merece nuestro más enérgico rechazo, es clamor nacional se acabe la violencia, paz al alma del Dip. Robert Serra”. El joven inició su carrera política como dirigente universitario en 2007.
Venezuela es azotada por el crimen común. El índice de homicidios se ubica entre 39 y 79 por cada cien mil habitantes, según cifras del Gobierno y de las ONG, respectivamente.
Con una tasa de 53 asesinatos por cada cien mil habitantes, la ONU considera a Venezuela el segundo país más violento del mundo, superado por Honduras (90.4 por cada cien mil). La mayoría de las víctimas y victimarios son jóvenes de entre 14 y 25 años. Según los expertos, la impunidad, que deja 92 de cada 100 homicidios sin resolver, es el principal incentivo de los criminales.