La guerra que Estados Unidos lanzó sobre combatientes islamistas no trata de oficiar como ayuda para que el presidente sirio Bashar al Asad se mantenga en el poder, insistió el viernes el secretario del Departamento de Estado norteamericano, John Kerry.
«Esta campaña no se trata de ayudar al presidente Bashar Asad de Siria», sostuvo Kerry en una columna de opinión en el Boston Globe del viernes. El jefe de la diplomacia estadounidense buscó disipar la cautela que el «enfoque de láser» en la lucha contra el grupo Estado Islámico (EI) ha distraído de los esfuerzos para poner fin a la guerra civil de tres años en Siria, que deja más de 200.000 muertos.
Damasco ha insistido en que la lucha contra los «terroristas» debía ser la prioridad sobre todo lo demás, incluyendo las negociaciones sobre la reforma política en su país. El régimen de Bashar al Asad incluso dio bienvenida a los ataques aéreos lanzados por EE.UU. en su territorio en la lucha contra los «terroristas», que insiste incluyen a los rebeldes moderados a quienes Estados Unidos apoya.
«No estamos en el mismo lado que Asad; de hecho, él es el imán que ha impulsado a la presencia en Siria de combatientes de decenas de países», aclaró Kerry. «Al Asad perdió su legitimidad hace mucho tiempo», expresó el diplomático.
Los esfuerzos de Estados Unidos para entrenar y equipar miembros escogidos de la oposición siria moderada que combatan a militantes del EI «van a promover condiciones que puedan llevar a un acuerdo negociado que ponga fin al conflicto».
El nuevo primer ministro de Irak, Haider al Abadi, dijo a periodistas estadounidenses el jueves que solamente apoyó los ataques aéreos en Siria luego de que se le garantizara que funcionarios y militares del régimen de Damasco no iban a estar entre los objetivos, lo cual podría desestabilizar al país.