Un portal católico internacional denominado Signos de estos tiempos, publicó el pasado lunes 22 de septiembre un interesante artículo titulado El mundo ante la teología política de Putin y el mesianismo moral de Obama.
El escrito se refiere a que, mientras en Rusia se condena oficialmente el aborto y se proclama la defensa de la familia tradicional y del matrimonio exclusivamente entre hombre y mujer, en Estados Unidos el gobierno es un promotor activo del aborto y el presidente Barack Obama “usa todos los poderes de su cargo para emprender una completa guerra —a nivel nacional y mundial— contra el matrimonio y la familia, que son los fundamentos mismos de toda sociedad democrática”.
Lo paradójico de esta situación es que Rusia no es un país precisamente democrático, más bien su presidente es un autócrata violador de los derechos humanos y agresor de países vecinos pacíficos y más pequeños, mientras que Estados Unidos es el país paradigma de la libertad, la democracia y la defensa de los derechos humanos.
Se dice en el artículo del mencionado portal electrónico católico que son tiempos extraños los que vivimos en la actualidad. Y que en el caso de Rusia para entenderlo hay que ahondar en la historia milenaria de ese país donde “a pesar de los cambios en las ideologías políticas predominantes, (del zarismo al comunismo leninista y estalinista y de allí al capitalismo salvaje de la actualidad), la forma en que se gobierna ha sido esencialmente la misma.
Se explica también por el tradicional nacionalismo religioso de Rusia, que se considera a sí misma como la primera de todas las naciones cristianas del mundo y, en coherencia con la antigua tradición ortodoxa bizantina, se funda en una estrecha relación entre el poder político y la Iglesia. De manera que no se trata de que Putin sea un devoto cristiano, sino que ha entendido el provecho político de asociarse con la Iglesia para cimentar su régimen autocrático e impulsar su expansionismo rusocentrista.
En cuanto a EE.UU., según el artículo que comentamos el problema radica en que se ha creado una especie de religión política en la cual el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo son “sus sacramentos más preciados y el presidente Obama es su mesías”.
Pero el problema, sigue reflexionando el artículo católico, no es que Obama tenga esa creencia sino que “pone su posición como jefe del ejecutivo de la democracia más grande y más potente del mundo enteramente al servicio de esta nueva religión”. Y además quiere imponerla a los países en desarrollo mediante la financiación de programas abortistas y campañas para la legalización del aborto y los matrimonios gay.
En Nicaragua, como sabemos, también hay una paradójica situación en la que el régimen dictatorial y violador de los derechos humanos que encabeza Daniel Ortega, se proclama oficialmente cristiano, rechaza el aborto y el matrimonio gay, presume de ser gran protector de la familia y tiene una asociación política de hecho con un sector religioso, católico y evangélico.
Pero solo es una mampara. Y aunque fuese sincero el cristianismo de Ortega, eso no haría aceptables sus atropellos a la libertad, la democracia y la dignidad humana.
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