M
e parece interesante el punto de vista de mi estimado amigo Moisés Absalón Pastora, en su artículo sobre Los fatólogos, aunque no lo comparto por completo. Considero que debe respetarse al menos el derecho al brinco al salto, al susto y ya no digamos el derecho a la especulación natural producto de la zozobra en que vivimos cuando el régimen no informa, atropella el derecho a informar que tienen otros, amenaza con el uso de los rifles y las balas como en el caso de la denuncia de LA PRENSA con el Mentirolito, sobre el cual con todo mi derecho a disentir y con toda mi ignorancia cósmica al respecto, me permito dudar del mismo por la opinión de fuentes que sí están capacitadas y autorizadas. Sobre todo frente a unas autoridades ausentes y frente a otros tan incapacitados como yo, en temas de este tipo, como Fidel Moreno presidiendo la mesa de explicaciones del Gobierno en su primera comparecencia pública sobre el tema. La estela de humo, de fuego, el coletazo natural que el mismo doctor Incer Barquero señaló como aspectos raros y extraños por no haber ocurrido (con todo y que le da cierta credibilidad a la teoría meteórica), nos abre las posibilidades de dudar, de especular, de inferir como seres humanos con inteligencia lo que podría estar ocurriendo y no necesitamos, gracias a Dios, ser astrónomos para inferir y estar casi seguros de lo que no está ocurriendo.
Con todo lo anterior, creo que el régimen lo último que podría confiscarnos es el derecho a dudar de él mismo, sobre todo con la larga cola de antecedentes. Coincido con Moisés, en el sentido de que fuera lo que fuera es de dar gracias al Señor porque el asunto no haya ocurrido en lugar poblado y que no hayamos (hasta donde oficialmente conocemos) tenido víctimas humanas que lamentar. Sin embargo nos asiste el pleno derecho, y más con este Gobierno y su secretismo y centralismo, de dudar y especular y hasta de hacer mofa como buenos nicaragüenses de lo que en determinado momento se nos ocurra, sin que por ello nos tengan que etiquetar como profetas de mal agüero, o Rambos golilleros, ya no digamos en el peor de los casos que el que no brinque es contra o el que no crea o el que se atreva a dudar o mofar de la versión oficial, es antipatria o extremista. Sigo pensando que tenemos todavía el derecho humano a disentir, cuestionar, de dudar cuanto queramos y de expresar esos puntos de vista que para unos parecen rambos y a otros nos parecen acertados, tanto como el derecho de mi estimado Moisés a pensar y creer y coincidir cada vez más, en cada programa radial o televisivo, y en cada artículo periodístico más (a mi juicio) con el pensamiento de este Gobierno, lo cual también es su derecho y se le debe respetar aunque no lo compartimos.
Estando claros de ambas cosas, pues, ni debemos etiquetar como alineado a unos ni deben etiquetarse como rambos agoreros a otros. Eso no abona al buen equilibrio y balance de calificativos y no contribuye a generar la sana y amplia discusión contradictoria tan necesaria, que debe generarse sin etiquetas a favor ni en contra, por cada latido político, económico y social que ocurra en el corazón de nuestra, para todos, querida Nicaragua. Para efectos de sano balance hay que respetar los puntos de vista diferentes y que cada uno saque sus propias conclusiones. El autor es consultor y asesor Jurídico Legislativo.