Ocho es el día de Septiembre en que nació Jorge Salazar y siete las balas con que lo asesinaron. Para honrar su memoria COSEP instituyó hoy como día del empresario. Jorge fue el dirigente de más arrastre que ha tenido el sector privado y un patriota cabal, cualidades que le valieron su sentencia de muerte.
Durante la insurrección albergó guerrilleros en su finca Santa María de Ostuma y planeó una exitosa emboscada a una tanqueta de la guardia. Triunfada la revolución viajó dos veces a Washington para cabildear a favor de la ayuda a Nicaragua. Al poco tiempo, sin embargo, se desencantó con el rumbo autoritario del Gobierno y comenzó a oponérsele desde su puesto de directivo de COSEP (entonces COSIP).
La dirigencia sandinista le temía. Un testigo de su popularidad fue Jaime Wheelock, con quien participó en una asamblea de agricultores en Matagalpa en octubre de 1979. Mientras la concurrencia abucheó al comandante por criticar veladamente a los empresarios, sacó en hombros a Salazar en medio de grandes vítores. Para entonces Jorge gozaba del apoyo incondicional de los más de 7,000 agricultores que él mismo había organizado como presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua, UPANIC.
Decidieron entonces tenderle una trampa. En junio lo abordó un oficial del Ejército, Néstor Moncada Lau para expresarle que había un gran descontento dentro de sus filas, y que civiles organizados y militares desafectos podrían juntar fuerzas y arrebatar el poder a los marxistas del Frente. Jorge mordió el anzuelo, y más aún cuando Álvaro Baltodano, también del Ejército y en quien confiaba, le confirmó que él respaldaría un golpe de Estado.
Convertido en conspirador, el siguiente paso era monitorear sus actividades y apresarlo. Eso bastaba para neutralizarlo. El problema es que su popularidad y respaldo podía convertirlo en un prisionero incómodo. Se pensó entonces en la alternativa de matarlo.
¿Quiénes decidieron esta acción? De acuerdo con un reporte de inteligencia norteamericano, publicado en “Congressional Record” (abril 23, 1985, p. H3265), en noviembre de 1980 se reunieron Daniel y Humberto Ortega, junto con Borge, Carrión, Lenin Cerna y el jefe de la misión de inteligencia cubana Carlos Lingote. Aparentemente todos, menos este último, apoyaron la decisión de asesinarlo.
Independientemente de la veracidad que merezca esta información, lo que ocurrió permite deducir el origen de los tiros.
El 17 de noviembre Jorge recibió una llamada de Moncada Lau citándolo a una cita de urgencia en el caserío de El Crucero. Cuando llegó al lugar del encuentro este se le acercó para entregarle un saco con armas. Según la versión oficial, repetida a la OIT el 3 de Diciembre de 1980, en esos momentos apareció por casualidad una patrulla militar; Moncada Lau le disparó y los soldados devolvieron el fuego en defensa propia matando a Salazar.
En otra comunicación del 7 de septiembre de 1982, el Gobierno declaró que “si bien es cierto que Jorge Salazar al momento de los sucesos no tenía en sus manos ningún arma, como lo reconoció el comandante Tomás Borge, la verdad es que en su camioneta estaban seis M-16…”, (www.ilo.org FOA case).
La versión no oficial es que Moncada Lau, al acercarse al vehículo de Jorge, dio la señal a la patrulla disparando al aire para que esta acribillara a Jorge. En cualquier caso, el hecho indiscutible y sorprendente es que Moncada Lau no recibió ni un disparo y Jorge siete, no guardó prisión por conspirar o disparar, y hoy es uno de los más cercanos colaboradores de Daniel Ortega.
Ambos saben, perfectamente, cuál es la versión correcta.
Nosotros también. El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación
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